Opinión

“Quiero casa” de albañiles que sepan leer y escribir

 
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Albañil. (Cuartoscuro/Archivo)

José Shabot es uno de esos jóvenes mexicanos en los que uno puede fincar la esperanza de un México más justo y próspero para el mañana.

Es líder de una empresa desarrolladora de vivienda que ha conformado un modelo que no solo aprovecha los pocos terrenos disponibles en la CDMX sino también ha llevado al extremo lo relativo a una conciencia de responsabilidad social tanto con el entorno en donde construye, como con las personas que son capaces de levantar de la nada un edificio de departamentos.

Ingeniero Civil como su padre y su hermano, con Maestría en Stanford, y experiencia de construcción en la India y en Brasil. Habla cinco idiomas y a pesar de tener ofertas para desarrollar su carrera en otras naciones ha decidido trabajar por el engrandecimiento de su país.

Busca terrenos disponibles en la Capital y desarrolla proyectos de mediana talla en beneficio del bienestar de quienes van a ocupar las viviendas. Procuran espacios verdes y recreativos, ambiente amigable con el medio ambiente; vivienda sustentable incorporando tecnologías verdes.

Pero no solo eso: habla con los vecinos de la zona en la que construyen y comprometen su acción para incorporar mejoras al entorno urbano.

QUIERO CASA, su empresa comenzó incorporando amigos y familiares en inversiones que fueron creciendo hasta tener una Sociedad Anónima Promotora de la Inversión, SAPI, que se preocupa por ofrecer vivienda media a quienes no tienen facilidades de financiamiento bancario.

Ha recibido el Premio Nacional de Vivienda y a la fecha cuenta con la edificación de mil 630 complejos en once delegaciones políticas. En 2015 edificó 26 proyectos y para el 2016 va por 34 más.

Sus viviendas tuvieron un costo a partir de los 800 mil pesos con promedio de un millón 200 mil pesos. Todos sus proyectos en zonas de alta conectividad.

La Ciudad de México demanda no menos de 60 mil viviendas al año pero se construyen no más de 14 mil.

Cuenta con una estructura que incorpora prácticas de Gobierno Corporativo y trabaja para un segundo fondo de inversión para dar mayor consistencia en sus operaciones.

Pero la parte socialmente responsable no tiene referentes. Diría, sin el ánimo de ofender a nadie que su trabajo social “madre no tiene”.

Pensando en quienes hacen las viviendas ha generado un patronato que en su misión de educar a los albañiles ha capacitado a casi 900 trabajadores de la construcción.

No solo se trata de enseñarles a leer (su constructora concede una hora al día y los albañiles otra) sino también les concede talleres para que desarrollen o afinen sus habilidades en distintos oficios. Más de 900 jóvenes de la albañilería han dejado el analfabetismo. Si viera los testimonios de estas personas, algunas de las cuales tienen más de 40 años, lo que refieren en cuanto a lo que la alfabetización ha cambiado sus vidas y las de sus hijos.

Un total de 24 constructoras han aceptado sumarse a esta labor social que tiene poco más de 8 años ejerciéndose .que llama ya la atención en el extranjero por el impulso que ha concedido a estos trabajadores que incluso reciben lentes para mejorar su visión.

Si todos los proyectos empresariales de este país se comprometieran con un pequeño cometido social este país tendría más respuestas que preguntas en su futuro.

José busca ahora comprometer su acción constructora con la incubadora verde que el Gobierno Capitalino habrá de arrancar en marzo de donde surjan soluciones VERDES para atender la tendencia sustentable en las grandes ciudades.

Jóvenes así, son los más en este país que merece un mejor futuro.

Twitter:@ETORREBLANCAJ

Correo:direccion@universopyme.com.mx

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