Opinión

¿Quieres hacer reír a Dios?, cuéntale tus planes

 
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(Alejandro Meléndez)

Si de algo podemos estar seguros en la vida es de que no hay nada seguro. Incluso una planeación profesional no garantiza que todo salga como uno lo tenía planteado. Esto le sucede a gobiernos de todo el mundo, grandes corporativos y, con mucha mayor razón, a familias y pequeños negocios. ¿Cómo podemos enfrentarlo?

En un sentido optimista, si se presentan oportunidades inesperadas de mejora, es primordial estar bien preparados para aprovecharlas; por eso, la capacitación, el aprendizaje de idiomas, la inteligencia emocional o el desarrollo de hábitos de trabajo redundan en activos fundamentales cuando el destino nos cambia el escenario para bien.

En contrapartida, el primer reto para encarar los problemas es tener siempre un plan B. Por una cuestión de personalidades hay quienes tienden a ser propensos a ignorar los riesgos, mientras otros son precavidos en forma excesiva. El punto central es buscar estar listos para las eventualidades en una dimensión justa, porque elaborar alternativas por lo regular cuesta tiempo y dinero.

De hecho, en una metodología de toma de decisiones eficientes hay una etapa en donde se deben ponderar los riesgos de las opciones, conocer las diferentes consecuencias y elaborar un plan de contingencia habiendo elegido alguna de ellas. Contar con sólo un curso de acción significa que nos estamos justificando.

Una estrategia básica es abrirnos a nuevas posibilidades.

El ahorro es un excelente plan B para cualquier situación inesperada en las finanzas, sólo hay que considerar su liquidez dependiendo del tipo de cobertura. Si está depositado en instrumentos de largo plazo será difícil solventar algo inmediato como una reparación de auto o algún arreglo casero.

Un caso común en los quebrantos personales es que aún cuando se hicieron muy bien las cuentas, se olvidó pensar en los infortunios. Por ejemplo, pudieron haberse adquirido créditos pagables, pero sobrevino una pérdida de empleo, enfermedad u otra sorpresa que desequilibró el presupuesto.

En este sentido, los seguros son buenos para las contingencias y pueden cubrir robos, desastres en la vivienda, gastos médicos, o decesos.

Detrás de la teoría de portafolio también está indirectamente la filosofía del plan B. Es decir, ¿qué pasa si una inversión sale mal? Tengo otra que compensa al tener un comportamiento contra cíclico.

El plan B implica la aceptación de un determinado costo; sin embargo, da un piso de seguridad que permite mantener un determinado nivel de éxito o un fracaso menos aparatoso; además de dormir tranquilo.

Twitter: @finanzasparami

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