Opinión

¿Quién quiere trabajar en una armadora?


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Nemak

Está sentado frente a mí. Él tiene un puesto gerencial en una gran autopartera regiomontana que compró empresas en otras partes del mundo. Pese a su tamaño, es todavía una empresa familiar.

¿Qué vende la compañía? Las partes menos visibles del vehículo. Ésas que dan forma al asiento o al motor. Este treintañero debe ser talentoso, considerando que entrena a empleados de otros países. Insatisfecho con su ingreso actual, busca un nuevo empleo.

“Fui a una entrevista de trabajo y luego ya no me llamaron. Les llamé yo, sólo para tener una retroalimentación. Para saber qué había salido mal. Me dijeron que no tenía suficiente experiencia en la industria automotriz. Bueno, pensé, después de diez años de trabajo comprobable en el sector, asumo que buscan a alguien con demasiada experiencia. Lo peor, el sueldo propuesto no era muy superior al mío”.

Quizá el obstáculo está en el modo predominante de operar del sector, que no es distinto del resto de la economía: reducir costos.

Las armadoras, igual Chrysler que Mercedes, someten a autoparteras mexicanas a concursos. Primero, deben cumplir con estándares y luego, claro, vender lo más barato posible. Para vender barato, hay que pagar poco.

¿Qué tan poco? Son ocho mil 600 pesos al mes lo que registra el Observatorio Laboral como ingreso promedio para un ingeniero en la industria automotriz, naval o aeroespacial. Los datos son oficiales, provienen de lo que las empresas reportan al IMSS.

Un 10 por ciento de ellos gana cuatro mil 300 pesos mensuales en promedio. Otro 10 por ciento, el de más altos ingresos, un promedio de 21 mil 500 pesos.

En Estados Unidos, un ingeniero de estas características gana cinco mil 800 dólares al mes, según la consultora en recursos humanos Payscale. Unos 100 mil pesos al nuevo tipo de cambio. No son cifras oficiales.

El problema está en que el automotor no es un sector muy rentable. Hay mucha competencia y eso castiga los precios de los vehículos. Fiat Chrysler, por ejemplo, sólo obtuvo una ganancia antes de impuestos (EBITDA) de 8.0 por ciento sobre sus ingresos de los primeros nueve meses de 2015. Al descontarle los impuestos, reportó pérdidas.

Éste es el sector estrella hoy en México. Unos 26 mil 200 ingenieros con especialidades vinculadas a esta industria hoy tienen empleo. Es 20 por ciento más que en 2012, al inicio del sexenio, según el Observatorio Laboral de la Secretaría del Trabajo.

¿Cómo pagarles más? La salida viable, parece, está en enfocarse en hacer lo que casi nadie hace.

Nemak, dirigida por el ingeniero industrial por el ITESM, Armando Tamez, aumentó 20 por ciento sus ganancias (flujo operativo) en el tercer trimestre del año. Alcanzó un rendimiento de 17 por ciento. ¿Cómo le hizo?

“(Con) una mejor mezcla de venta de productos con mayor valor agregado. En México continuamos con la construcción de las plantas de maquinado y de fundición de alta presión”.

Bien, ahora el reto es repartir esos beneficios entre los empleados, como entre los inversionistas.

Si sólo se quedan en estos últimos, habrá que ponerle atención al discurso de José Ángel Gurría, secretario general de la OCDE, quien el viernes en el ITAM destacó que el sistema económico actual cascabelea, pues no entrega lo que promete a la gente.


Twitter: @ruiztorre

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