Opinión

¿Quién pone a la CNTE en su lugar?

 
1
 

 

CNTE. (Cuartoscuro)

Con el mayor de mis respetos para los buenos maestros que tenemos en México.

¿Quién pone a la CNTE en su lugar, en el lugar que le corresponde?

¿Podemos aceptar el boicot que orquesta esta organización contra las elecciones del próximo domingo?

¿Podemos aceptar su intención de echar abajo la reforma educativa, tal como lo han anunciado?

¿Podemos aceptar la baja calidad de educación que imparten a los educandos?

¿Podemos aceptar que suspendan la evaluación educativa anunciada el pasado viernes por la SEP?

¿Quién manda en México en materia educativa? ¿la cada vez mas oculta SEP y su casi desconocido secretario Chuayffet? ¿o la activa y destructiva CNTE?

¡Los niños primero!, debería ser nuestro grito de guerra, y esto implica, ante todo, educación de calidad.

Los resultados del Programa para la Evaluación Internacional de Alumnos 2012 concluyen que a México le tomará más de 25 años alcanzar el nivel promedio de los 34 países de la OCDE en matemáticas y más de 65 años en lectura, pues actualmente, un estudiante mexicano con el más alto rendimiento apenas logra obtener el mismo puntaje que un alumno promedio en Japón, ubicado entres los diez países con mejores resultados, nos dice un artículo de La Crónica.

Por su parte, Claudio X González, presidente de Mexicanos Primero, nos indica que a la fecha, 21 mil mexicanos ya han firmado la iniciativa de esa organización en la que se busca que el gobierno federal de marcha atrás a la decisión de suspender la evaluación a los maestros y, por su parte, el rector de la UNAM José Narro Robles comenta que es lamentable que la reforma educativa se desdibuje y se haya suspendido la evaluación docente y agrega “ con una determinación de la cual no tenemos una explicación clara, más allá de unas cuantas decenas de palabras, y que de cualquier manera no tiene la repercusión política que se buscaba para generar un clima favorable para el proceso electoral” (Crónica, 3 de junio)

El 55% de los alumnos mexicanos no alcanza el nivel de competencia básico en matemáticas, lo mismo ocurre con el 41% en lectura y el 47% en ciencias, según PISA, lo que implica un retroceso en comparación con los resultados de 2009, la última vez que se aplicó la prueba. Por otra parte, según nos relata La Crónica del 3 de junio, México ocupa el último lugar de los 36 países que integran la OCDE en el rubro de educación y competencias.

Estoy de acuerdo con Manlio Fabio Beltrones cuando dice que el gobierno federal ha sido totalmente tolerante con la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE).

El problema no es nuevo, la lamentable calidad de la educación es un problema que viene de años atrás y que no hemos sido capaces de resolver, aunque algo se ha avanzado en ello.

Los padres de familia, muchos de ellos, ven como su obligación, y tienen razón, el enviar a sus hijos a la escuela. Pero pocos son los que se preocupan por la calidad de la multicitada educación que reciben.

No debemos, no podemos continuar así. El costo para el país, derivado de la preparación inadecuada de sus integrantes, es enorme. Los países avanzados y muchos de los que están en desarrollo, dan una alta prioridad a la educación y hacen el mayor de los esfuerzos para mejorar día con día su calidad, utilizando entre otras cosas la tecnología que está disponible y avanzando día con día y dando un lugar preferente a los maestros dentro de la sociedad. Maestros dignos que por eso son respetables. Lo mismo quisiéramos en nuestros país: maestros dignos que por su dignidad y capacidad merezcan el respeto de todos los mexicanos.

Pero la actitud de la CNTE va en sentido contrario: ponen de rodillas al secretario de Gobernación, no toman en cuenta al casi inexistente secretario de Educación, queman papelería electoral, toman gasolineras, desalojan a militares de juntas distritales de Oaxaca. Estos son los maestros que ¿educan? a cientos de miles de nuestros niños.

Todo tiene un límite y, en mi opinión, desde tiempo atrás este límite se ha rebasado sin que la autoridad haya respondido en forma adecuada, ni los padres de familia hayan exigido a la autoridad que deje atrás la complacencia. Llegó el momento de cambiar, de reaccionar, de exigir, de poner las cosas en su lugar.

No podemos aceptar el costo para nuestro país de una educación lamentable. Recuerdo todavía el grito de Tony Blair, cuando fue electo primer ministro del Reino Unido: “mis prioridades serán tres, educación, educación y educación”. Ojalá esas fueran también las prioridades de nuestros timoratos gobernantes que se dejan atemorizar por las amenazas de un sindicato indigno.

Señor Presidente Enrique Peña Nieto, usted tiene la palabra y los mexicanos queremos escucharla.

Mañana será otro día.