Opinión

¿Quién mató la Ronda Doha?

Han ocurrido tantos acontecimientos violentos y dramáticos en distintas partes del mundo en los últimos días que la noticia del fracaso de las negociaciones en la Organización Mundial del Comercio (OMC) pasó casi desapercibida en los medios nacionales e internacionales. El 31 de julio hubiera sido un día histórico. Por primera vez en 20 años, todo estaba listo para que los 160 miembros de la OMC aprobaran ese día un acuerdo que agilizaría los intercambios comerciales. Sin embargo, el veto de un país (India) impidió este avance, lo que ha supuesto un golpe mortal a la ya maltrecha organización.

La razón fue que el nuevo gobierno indio, encabezado por el primer ministro Narendra Modi, decidió no apoyar los acuerdos que la anterior administración de su país había aceptado. En lo que algunos países calificaron como extorsión, India condicionó la firma del acuerdo de facilitación comercial a recibir un trato especial, que le permitiera mantener el subsidio a los productores de grano que abastecen a precios altísimos las reservas gubernamentales de alimentos. La solicitud india no contó con ningún apoyo en el organismo, ni siquiera con el de sus aliados del grupo BRICS. Sin embargo, Modi mantuvo su posición hasta el final y decidió vetar el acuerdo con el que su país también se habría beneficiado.

¿En que consistía el acuerdo de facilitación comercial?

En diciembre de 2013, en la isla de Bali, en Indonesia, las negociaciones de la Ronda Doha habían logrado salir del impasse al alcanzarse un paquete de resoluciones en materia de facilitación del comercio, reducción de subsidios a la agricultura y acceso de productos de países de menor desarrollo a los mercados de los países desarrollados. El primer compromiso del “paquete de Bali” fue la ratificación del documento de facilitación comercial a más tardar el 31 de julio de 2014 y la firma del resto de los acuerdos en diciembre de este año.

El convenio de facilitación comercial buscaba reducir y simplificar los trámites burocráticos que retrasan el intercambio comercial en puertos, fronteras y aduanas. Se consideraba indispensable modernizar y armonizar procedimientos comerciales engorrosos y obsoletos, que aumentan costos fijos y tiempos de entrega. Con este acuerdo se esperaba incrementar el comercio internacional: se calculaba que se crearían 20 millones de empleos y que la economía mundial recibiría un billón de dólares adicionales.

El acuerdo contemplaba dar apoyo técnico y financiero a países de menor desarrollo que modernizara su infraestructura y comunicaciones para que sus productos pudieran alcanzar mayores mercados y llegar de manera más expedita a sus compradores. Hay “cuellos de botella” que es necesario atender para aumentar los flujos comerciales y beneficiar con mayores ingresos a las poblaciones de esos países. Según The Wall Street Journal, descargar mercancías de un barco en un puerto de Mombasa, Kenia, toma por lo menos cuatro días, mientras que en Singapur o Hong Kong se podría hacer en unas horas.

Ahora, ¿qué pasará con la OMC después de este descalabro? Será interesante escuchar al director de la organización, Roberto Azevêdo
–quien estará la semana próxima en México– cómo va a lograr que todos los miembros vuelvan a sentarse en la mesa a negociar. Azevêdo había apostado a que “el paquete de Bali” sería el regreso de la OMC a las negociaciones comerciales de carácter multilateral, que han perdido relevancia a favor de otros acuerdos bilaterales o regionales.

Probablemente sea el momento de revisar a fondo el proceso de toma de decisiones. Es difícil entender que un solo miembro pueda echar por tierra el trabajo de varios años. El consenso es muy difícil de alcanzar: implica negociaciones largas y complicadas de las que salen documentos ambiguos e ineficaces, que reúnen los mínimos comunes denominadores entre todos los interesados. Por ello, no es sorpresa que los países prefieran negociar acuerdos comerciales en un formato más reducido de miembros o entre grupos de países afines, ya sea por ubicación geográfica, intereses políticos o nivel de desarrollo.

La autora es exsubsecretaria de Relaciones Exteriores e internacionalista.