Opinión

¿Quién más pierde tras el caso VW diésel?

 
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Las cosas se complican aún más para VW. (AP)

Alguna vez me sentí atraído a comprar uno. En un momento donde el precio del diésel y la gasolina tenían un diferencial relevante y después de haber visto lo generalizado que era en Europa su uso, fui uno de los que coqueteó con la posibilidad cuando Volkswagen (VW) lanzó la venta de sus primeros autos diésel en México.

El principal argumento comercial era que el precio ligeramente mayor del vehículo se compensaba con el menor costo del combustible por kilómetro recorrido y la venta se reforzaba con que tenía la garantía de la tecnología Alemana de VW. Mi intención perdió fuerza al advertir que en las “cercanías” de mi casa y oficina sólo había una gasolinera que vendía diésel y súmele que todo el mundo me decía que mi coche acabaría “cascabeleando” como los autos en Europa. Confieso que no llegué a analizar las emisiones. Antes, desistí.

Años después, al trabajar con ciertas marcas de autos, aprendí que los motores diésel, como los que usan otros combustibles, tienen el reto de balancear torque y aceleración, con consumo de combustible y niveles de emisiones. Si usted quiere mayor arranque y aceleración, inevitablemente elevará consumo y emisiones. Quiere reducir lo segundo, tenderá a sacrificar el desempeño del vehículo.

De ahí la tentación de los ingenieros de VW para incorporar un “software” que privilegiara la reducción de óxido de nitrógeno al detectar que el coche era verificado (uso exclusivo de llantas delanteras en rodillos) y que, en su desempeño ordinario (uso de las 4 llantas), hiciera ajustes para privilegiar el torque y la aceleración, elevando conscientemente las emisiones por arriba de la norma de los E.U.A.

Descubiertos por investigadores de la Universidad de West Virginia, tras un encargo de la agencia gubernamental California Air Resources Board, esa es la génesis de la crisis que hoy enfrenta VW.

Impresiona el tamaño de la afectación: 11 millones de vehículos tienen ese programa, la marca tendrá que llamarlos para hacer ajustes y, entre tanto, ha parado su línea de producción Diesel en el mundo. Las ventas caerán irremediablemente, la marca se ha impregnado de desconfianza y el valor de mercado de VW cayó dramáticamente. Su acción el 17 de septiembre valía 38.03 dólares y al cierre de octubre 8, 26.77 dólares.

Entre que VW ajusta, recompone y relanza una nueva tecnología, se producirán otras afectaciones:

1. La marca país.- Durante años, la ingeniería alemana se ha considerado de alta calidad, confiable y duradera. El consumidor, no sólo de autos, ha confiado en que ofrece desempeños sobresalientes, a pesar de su alto costo. Saber que los ingenieros Alemanes también mienten y también “juegan con los desempeños” devalúa su oferta de valor país.

2. La manufactura global de autos.- Académicos y reguladores se han anotado un punto. Descubrieron, con particular audacia, un engaño corporativo de proporciones inauditas. Toda la industria automovilística en el mundo debe tomar nota de la desconfianza generalizada que el caso detonará. La premisa del regulador será: “si los Alemanes nos engañaron, qué podremos esperar de otras culturas más relajadas en la cultura del cumplimiento de normas”.

3. El diesel como combustible alternativo en autos.- Este engaño frenará las ventas de todos los autos Diesel en el mundo. Por lo menos, los del segmento familiar y corporativo (a lo mejor no los de carga por ser un mercado más analítico). Esperar que el consumidor sólo desconfíe de VW y no de todos los motores similares es ingenuo. La tecnología diésel está herida de gravedad.

Y viene lo peor. Una cosa es el escándalo en los medios y otra es lidiar con el cliente en la puerta. Las marcas funcionan con plantas, distribuidores y financieras. El daño será repartido proporcionalmente, pero la recuperación de confianza tendrá que empezar dentro de la cadena de valor. La planta deberá invertir mucha energía en el ofrecimiento de “soluciones” con sus distribuidores, porque serán ellos quienes darán la cara a los propietarios afectados. No hacerlo bien, implicaría que las ventas se afectarán más que proporcionalmente, poniendo en riesgo la viabilidad financiera de toda la cadena de valor.

El mundo se ha beneficiado mucho de tener una empresa como VW.

México no es la excepción. VW debe sobreponerse a la crisis privilegiando a sus clientes, porque una quiebra de una empresa de esa envergadura repartiría muchísimo dolor a propios y extraños.

Empresario y conferencista internacional.

Twitter: @mcandianigalaz

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