Opinión

Quien lo entienda que lo explique

No, no beberemos aguas profundas, sería lesivo para la salud, mantengámonos en las superficiales y atendamos a dos, sólo dos notas que tienen el implícito reto de un muy alto grado de comprensión.

La primera viene de Guerrero, de allá de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad (autónoma, por supuesto); nos dicen que “durante el festejo de quema de libros, dos jóvenes resultaron heridos por arma de fuego y posteriormente fueron auxiliados por paramédicos de la Cruz Roja…”.

¿Festejo de quema de libros? ¿Alemania nazi? ¡No, en una universidad mexicana! Hay que releer la nota varias veces. ¿Quemar libros se ha convertido en un festejo? Y eso ocurre en un centro docente. La nota del reportero Mar Horacio Ramos señala que “de acuerdo con la policía ministerial, en la sección 112 sobre la avenida Constituyentes en Chilpancingo, cuando el personal que resguardaba el evento, pidió a dos jóvenes sus credenciales, no las mostraron y se registró un altercado y luego se escucharon detonaciones de arma de fuego. Al lugar arribaron elementos de la policía municipal, Ejército y los federales quienes desalojaron el área y acordonaron el lugar de los hechos”.

Así lo dice: Policía Municipal, Ejército y federales. ¿Eran narcos, secuestradores, criminales? No, dos estudiantes baleados presumiblemente por agentes policiacos.

No hay más explicación ni referencia alguna después de tres semanas. Nadie sabe nada sobre el festejo de quema de libros, ni el estado de los heridos ni mucho menos sus nombres. Es una nota aislada y desaparecida de todos los medios. En la UAG (Universidad Autónoma de Guerrero) no hay nadie que pueda informar. Sólo dice Comunicación Social que “la explanada ya fue limpiada”. Al extravagante, sorprendente hecho de organizar una fiesta para quemar libros, se suma el insólito silencio de autoridades escolares, del Ministerio Público, policías, Cruz Roja.

La segunda nota debiera interesar a la opinión pública nacional, debiera, ya que habla de una afectación generalizada: “El 40 por ciento de las gasolineras en el país vende litros incompletos”. Al ya de suyo caro servicio y en constante aumento cada primer sábado del mes, hay que añadir el hurto que el diputado panista Omar Borboa Becerra afirma se da en 40 por ciento de los miles de establecimientos que surten la gasolina.

El legislador denunciante expresó que el asunto se agrava por la presunta colusión entre autoridades y los dueños de las gasolineras, quienes están enterados anticipadamente sobre los operativos de la Profeco, por lo que antes de que llegue una visita de verificación a sus máquinas expendedoras, los encargados las ajustan para evitar que la irregularidad sea detectada.

Bien, la denuncia está hecha y todos debiéramos esperar una gigantesca operación que reparara el fraude con que se nos asalta en cada esquina, pero no hay tal; no vemos la reparación en nuestros bolsillos ni las multas y sanciones que debieran ser ejemplares a los defraudadores masivos ya que, como se dice, lesionan la economía de los mexicanos. Nada ocurre.

Si por ahí hay alguien que entienda, que salga y nos lo explique. Gracias.