Opinión

Quién le dirá al emperador que está desnudo

 
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John McCain

Washington, DC, 25 de julio.– “Ya sea que seamos o no del mismo partido, no somos subordinados del presidente, somos su igual.” Con estas palabras, ante la plenaria del Senado estadounidense, regresó John McCain, después de haber tenido una intervención quirúrgica para extraerle un coágulo del cerebro. En esa operación le detectaron que tenía cáncer, probablemente terminal, y muchos se preguntaban si el aguerrido senador, veterano y héroe de guerra, volvería a legislar.

No sólo regresó a la semana de su operación, lo hizo tomando una posición bastante valiente en este momento para un legislador republicano. Tomó una posición independiente del presidente Donald Trump y exhortó a sus colegas a hacer lo mismo.

McCain también les recordó que como legisladores son servidores de una gran nación y que “el éxito del Senado es importante para que continúe teniendo éxito Estados Unidos”. Esta responsabilidad es más importante que cualquier interés personal u afiliación política.”

La importancia del discurso del senador McCain, en lo que podía ser una de sus últimas presentaciones públicas, es un recordatorio de la importancia que deberían de jugar los legisladores en controlar el instinto autoritario que tiene la rama ejecutiva –especialmente en la era de Donald Trump.

Y ante la debilidad del Partido Demócrata y su fracaso electoral, los únicos que pueden en este momento amortiguar el autoritarismo de Donald Trump son sus aliados naturales: legisladores del Partido Republicano.

Y aunque han dado pequeños pasos en detener algunas de las locuras del emperador sin ropa Donald, incluyendo legislar para asegurar que el presidente no pueda eliminar las sanciones impuestas a Rusia por Barack Obama, sin consultar con el Senado, como corporación sigue siendo poco lo que están dispuestos hacer los legisladores republicanos en contra de Donald Trump, a pesar de las consecuencias políticas a largo plazo para ellos y su partido.

Pero también es claro que en el momento en que los congresistas y senadores consideren que es demasiado el costo político de seguir apoyando al errático presidente tuitero, esto podría traducirse en el inicio de lleno del juicio político y el fin de la era de Trump. Así de poderosa es la rama legislativa.

La importancia de la rama legislativa de poder contener el autoritarismo del Ejecutivo no tiene mejor ejemplo que el Parlamento venezolano, que surge del voto opositor del presidente Maduro, y se ha vuelto el símbolo de cómo legisladores están dispuestos a correr grandes riesgos, inclusive amenazas a su integridad física, para enfrentar a otro totalitario en el continente: Nicolás Maduro.

¿Qué tiene que ver esto con México? Todo. Y aunque el enfoque de quién será el siguiente presidente de México es entendible, también es importante estar analizando cómo se conformarán ambas cámaras y así asegurar los pesos y contrapesos para que puedan detener los instintos totalitarios del siguiente presidente de México… sin importar quién sea y cuáles sean sus afiliaciones políticas.

Hay que decirlo: aunque se debe de reconocer el trabajo que hicieron los diputados y los senadores en este sexenio para sacar adelante las reformas estructurales que tanto necesitaba el país, la razón por la que esto pudo suceder fue la debilidad de los partidos políticos, no el sentimiento de responsabilidad de los legisladores.

Porque en lugar de seguir legislando en función de lo que necesita México, como por ejemplo, la correcta implementación del Sistema Nacional Anticorrupción, la selección del fiscal general de la nación, reformas para implementar el Mando Único, o la legislación que por fin defina el actuar de las Fuerzas Armadas ante el crimen organizado, todas estas necesidades nacionales se quedaron en el tintero legislativo. ¿Por qué? Porque simple y llanamente los intereses de los partidos, la LXIII Legislatura y el presidente no coincidieron. O tal vez sí coincidieron en no legislar por el bien del país. ¿Y el país? Les valió cacahuates.

Por eso, además de seguir de cerca a quienes podrían ser los futuros candidatos a la presidencia en México, es fundamental asegurar que los legisladores puedan ejercer el apropiado control sobre el instinto totalitario de los presidentes. Decirle al emperador que está desnudo. Como dijo el senador McCain el día de ayer: “no somos subordinados del presidente, somos su igual.”

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Twitter: @Amsalazar

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