Opinión

¿Quién escucha a los maestros?

Fernando Ruiz Ruiz
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Evaluación a maestros. (Cuartoscuro)

Cada vez más la rectoría educativa se encuentra en el ámbito gubernamental, y es ahora su obligación incorporar la participación de todos. Sin lugar a dudas, es importante la participación de la sociedad civil y los padres de familia, pero hoy, más que nunca, es clave tomar en cuenta a los maestros. Durante mucho tiempo la comunicación con ellos fue a través de las dirigencias sindicales, pero no podemos confundirnos: el sindicato no son los maestros. Es necesario no sólo dar voz y escuchar a los maestros, sino responderles y orientarlos.

En estos momentos nos encontramos a la mitad de los procesos de evaluación contemplados para 2015. Algunos, como los de promoción a puestos de dirección, supervisión y asesoría técnica pedagógica y los de ingreso al servicio profesional docente, se encuentran en su etapa final; otros, como la evaluación del desempeño, apenas han iniciado. Llama la atención que no exista información oficial sobre el número y tipo de inconformidades que un proceso de esta naturaleza genera. Parece no pasar nada, pero en realidad los maestros están teniendo inconformidades, se están quejando y las autoridades educativas no los están escuchando ni atendiendo con eficacia.

Dar por hecho que los canales institucionales tradicionales son suficientes para la atención de denuncias, quejas e inconformidades, tales como la contraloría interna, buzones de quejas o líneas telefónicas del tipo de TelSEP, es engañarse a sí mismos y a la sociedad. Dichos mecanismos no están funcionando. No es raro escuchar el sinfín de problemas que en la práctica dificultan la comunicación: ausencia de directorios, páginas de internet desactualizadas, líneas telefónicas saturadas, desconectadas o sin atención, personal inexperto, poco preparados, capacitados o francamente hostiles, nulo o lento seguimiento de casos y un largo etcétera.

En nuestras oficinas, con frecuencia recibimos llamadas de maestros desesperados que reportan probables irregularidades sobre la organización, contenidos y resultados de las evaluaciones, así como de la asignación de plazas. Buscan recibir orientación o simplemente ser escuchados. Es habitual oírlos describir el vía crucis por el que pasan, y resulta frustante no poder ayudarlos. Una cantidad significativa de ellos no encuentran fácilmente los canales institucionales en dónde sus experiencias sean registradas, atendidas y resueltas.

La situación no debe ser minimizada. El nuevo marco normativo e institucional produjo nuevas instituciones y responsabilidades que han multiplicado y dispersado la atención a los docentes. La carrera de un docente, desde su formación inicial e ingreso al servicio profesional docente hasta su formación continua, promoción y temas salariales, está a cargo de:

• La Secretaría de Educación Pública federal, particularmente las subsecretarías de Educación Básica y Media Superior, la Oficialía Mayor y la Dirección General de Educación Superior para Profesionales de la Educación (DGESPE);

• La Coordinación Nacional del Servicio Profesional Docente (CNSPD);

• El Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE);

• Las autoridades educativas estatales;

• La Secretaría de Hacienda y Crédito Público;

• La Tesorería de la Federación y los órganos al interior de las autoridades estatales.

Semejante jungla burocrática plantea el reto de crear ventanillas únicas de atención a docentes, transparentes, ágiles, eficaces y con capacidad de respuesta.

Es urgente, con la evaluación del desempeño de los docentes en servicio ya en proceso, cultivar y mantener la confianza de los maestros no sólo con la objetividad e imparcialidad de los procesos, sino también con la seguridad de una atención personalizada, accesible y expedita. Merecen ser informados y atendidos de forma rápida.

La reforma educativa puede tropezar no sólo por los intereses políticos del sindicato, sino también por la ineficiencia burocrática. No es suficiente contar con leyes y normas si éstas no facilitan el trabajo cotidiano de los maestros; se requiere de procesos y estrategias de implementación que contribuyen a crear y consolidar las condiciones propicias para que los maestros puedan dedicarse a lo que ellos mejor saben: contagiar y contagiarse del aprendizaje con sus alumnos.

El autor es investigador de Mexicanos Primero.

Correo: www.mexicanosprimero.org

Twitter: @fruiz_ruiz

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