Opinión

¿Quién es Marcelo para pedir un debate?

El 21 de abril de 2010 Marcelo Ebrard, entonces jefe de Gobierno del Distrito Federal, fue a W Radio a sostener un diálogo con ciudadanos. Ese espacio, llamado Foro W, permitía a habitantes de la ciudad de México hacer preguntas o plantear cuestiones de manera directa a la autoridad.

Junto con Enrique Hernández Alcázar me tocó moderar ese foro. Durante hora y media, vimos al Marcelo de siempre en lo positivo
–articulado, irónico, contundente–, pero también en lo negativo –una y otra vez usó ese tono de perdonavidas, ese de “a ver, te voy a explicar”, al punto de que de plano descalificó a dos asistentes al estudio de la W: a una señora que respetuosamente le reclamaba que no le alcanzaba para el programa de transporte escolar (págalo con lo que vas a ahorrar por no usar tu coche, creo recordar que le dijo), y a un niño que pedía audiencia para los vecinos que rechazaban la Supervía (a ese muchachito le cuestionó que quién lo había enviado).

Ese era Marcelo, y buena parte de la ciudad lo quería tal cual. Pero ese Marcelo Ebrard, el que los 'chilangos' aceptaban con lo bueno y lo malo, ya no existe, y parece que el que menos se ha dado cuenta de ello es el propio pupilo de Manuel Camacho Solís.

Aunque el desastre de la Línea 12 del Metro ha resultado demoledor para la fama de Marcelo, no es necesariamente eso lo que hoy lo tiene en la picota. Ebrard está en la lona porque desde diciembre de 2012 no se ha ganado un nuevo lugar en el escenario. Ha acumulado demasiadas salidas en falso y la gasolina de ser el exmejor alcalde del mundo, si tal cosa algún día valió de algo, se terminó hace mucho.

¿Quién es Ebrard hoy para pedirle un diálogo público a Miguel Ángel Mancera?

Ciertamente no es un protagonista del debate energético que su partido perdió (si es que el PRD algún día, en serio, quiso librar esa batalla) en las tribunas y en la calle. En ese tema Marcelo pasó de retador –en junio de 2013 pidió a Peña Nieto discutir la reforma a Pemex– a plegarse a la sombra del ingeniero Cárdenas y prácticamente desaparecer. Una vez más (como cuando no peleó la candidatura en 2012), se quedó en un segundo plano.

Tampoco es una figura en el PRD: las elecciones del domingo mostraron que carece de músculo alguno.

No ha sido en los dos años del peñismo una voz crítica realmente incómoda para el régimen.

Y ni siquiera se ha convertido en el defensor de la metrópoli. Ayer que El Universal publicaba declaraciones del secretario Jorge Carlos Ramírez Marín anunciando que el nuevo aeropuerto es la punta de lanza de un rediseño de la zona metropolitana, quedaba claro que será el grupo Atlacomulco el que decidirá cómo viviremos en el Valle de México. ¿Y los 'chilangos', apá? Bien, gracias.

Mancera tiene razón. Por qué habría de debatir con alguien que hoy es sólo un exjefe de Gobierno. De esos hay varios, y a algunos les va bien: hay una secretaria de Estado, dos senadores y un líder de un nuevo partido.

Hundido por la Línea12 pero sobre todo por sus yerros, Marcelo está más cerca de vivir el oprobio que ha seguido a Óscar Espinosa Villarreal tras salir de la regencia.

¿Qué ofrece de nuevo Marcelo como para que Mancera esté obligado a aceptar un debate y para que los capitalinos quieran escucharlo?

Twitter: @SalCamarena