Opinión

Quejas

  
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CFE

Hace unos días se anunció que habría un ligero incremento en las tarifas eléctricas. De inmediato abundaron las quejas, muchas de ellas argumentando que eso es una muestra del fracaso de la reforma energética, sobre todo si se junta con el incremento en la gasolina. Como siempre ocurre con los temas públicos, quejarse y reclamar al gobierno es siempre más popular que pensar, pero a veces es necesario hacerlo.

Primero, conviene recordar que en las discusiones de la reforma energética se ofreció la reducción de precio en el gas y la electricidad, pero no en las gasolinas. Nunca el gobierno ofreció eso por una razón elemental: es de ahí de donde se financia. El precio al público de la gasolina esconde un impuesto muy considerable que el gobierno no podía perder en un escenario de caída de producción (que ya era evidente en 2013) y menos de bajos precios internacionales (eso no lo sabían todavía).

Segundo, la caída de precios en las tarifas eléctricas en los últimos dos años ha sido bastante considerable. Mucho más de lo que es el incremento actual a las tarifas. Usted probablemente está enterado de que tenemos una cantidad muy grande de tarifas, dependiendo del usuario (residencial, comercial, servicios, industria), el volumen consumido y la región (para consumo doméstico). No le voy a recitar todos los precios, para no aburrir. Va una muestra.

En el consumo residencial la reducción de precio ha sido de 2.0 por ciento comparando abril-mayo de 2014 con abril-mayo de 2016. Esa variación es más notoria para los estados más calurosos del país, donde ha sido de 3.7 por ciento. Sin embargo, considerando que en esos dos años los precios al consumidor han crecido 5.6 por ciento, la reducción es muy importante. En términos reales, ninguna tarifa residencial ha crecido. La que menos se redujo lo hizo en más de 4.0 por ciento.

Las tarifas comerciales se redujeron 8.0 por ciento, que hay que sumar al 5.6 por ciento de inflación, para llegar a una reducción en términos reales de casi 14 por ciento. En los servicios sí hubo un incremento, de 6.0 por ciento en términos reales. Es pertinente notar que aun con ese incremento la tarifa promedio en servicios es de 220 centavos por kwh, contra 290 en el comercio.

La tarifa para el sector agrícola se redujo brutalmente: 50 por ciento en términos reales en bombeo de baja tensión y 75 por ciento en media tensión. Sólo se incrementaron la tarifa para cargo único y la de riego nocturno, aunque ambas están cerca de 50 centavos por kwh. Las tarifas eléctricas para la industria mediana redujeron su precio en cerca de 30 por ciento en términos reales y casi 35 por ciento para gran industria.

El promedio de las tarifas muestra una reducción de 22 por ciento en términos reales entre 2014 y 2016. El incremento anunciado va de 2.0 a 7.0 por ciento, pegando más a quienes habían tenido una mayor reducción. Por ejemplo, los consumidores residenciales de alto consumo, con el aumento, van a terminar con una tarifa 12 por ciento menor a la que pagaban en 2014. Los industriales, con tarifas entre 15 y 18 por ciento inferiores a las de hace dos años.

Pero así es la relación clientelar. Cuando ganan, los clientes ni se inmutan. Si pierden, aunque sea un poco, se tiran al piso. Y abundan quienes aprovechan esto para ganar un poco de popularidad. Pero, aunque sea a veces, hay que tratar de pensar en plazos un poco más largos. Le sale a usted más barato este incremento ahora que un problema serio de deuda pública en dos años. Deje de quejarse.

Profesor de la Escuela de Gobierno, Tec de Monterrey.

Twitter: @macariomx

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