Opinión

Quebrar y someter más
a México

 
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Donald Trump. (Bloomberg)

Nada nuevo tiene la política del próximo presidente de Estados Unidos contra nuestro país. Sí, es el riesgo de olvidar la historia y pensar que podría ser diferente. De fines del siglo XVIII a 1949, el país ha sufrido 285 intervenciones, amagos, bombardeos de puertos y sustracciones de nuestro territorio como deja constancia de ello el libro Las intervenciones norteamericanas en México del agudo Gastón García Cantú. Durante doscientos años, el mayor problema internacional que hemos tenido ha sido Estados Unidos. La historia de sus intereses es nuestra desdicha y también la de la resistencia nacional, escribió Antonio Carrillo Flores.

La lengua, decía Cervantes, es la pluma del alma. Por ello, “Los Estados Unidos tienen como tradición política, la de injuriarnos que precede al de amedrentarnos. De ellos no podemos esperar ni cumplimiento de sus obligaciones internacionales ni respeto” llegó a decir Isidro Fabela.

¿Por qué la franca, abierta, reiterada hostilidad de Trump hacia nosotros?

William Colby, exdirector de la CIA, escribió en su memorándum PT 417 lo siguiente: Rusia no representa un peligro para Estados Unidos, la amenaza para nosotros norteamericanos es México. Veinte millones de campesinos empobrecidos, iletrados, hambrientos emigrando ilegalmente constituyen el riesgo futuro que nos hará palidecer.

¿De qué ideas se alimenta el próximo presidente norteamericano? Se ha nutrido en la fuente de una supuesta raza superior entrenada para buscar la habilidad en los negocios sin importar la suerte de con quien negocia ni el precio que deba pagar por hacerlo con él. Ha confesado que en sus pocas, rarísimas lecturas, ha bebido la determinación del expresidente norteamericano James R. Polk, quien dio la siguiente instrucción al General Taylor durante la invasión armada a México: “Aproveche usted las divisiones que existen en el pueblo mexicano, llévelos a que proclamen su independencia del gobierno corrupto e ilegítimo; que se conviertan en nuestros aliados, preferentemente en lo comercial y en nuestras ideas. Aproveche bien mi General, que un ejército invasor tiene el indiscutible derecho de obtener sus provisiones a costa del enemigo sin pagar por ellas y de exigir contribuciones para su sometimiento”.

Esto es exactamente lo que hace Trump cuando habla de edificar un muro a nuestras costillas. Obra que no ha solicitado el gobierno mexicano y que además no está en nuestro territorio. Es la visión de un emperador victorioso en una guerra militar. Por ello utiliza un lenguaje despótico, sin disimulo ni eufemismos, sin mordaza ni contemplaciones.

De las 285 agresiones físicas, atentados, invasiones, guerras, en una de las cuales nos fue arrebatado más de la mitad del territorio, podemos decir que no existe pueblo alguno, entre los muchos que han agredido, que haya sufrido más hostilidades que nosotros.

Los Estados Unidos jamás habrían sido lo que son ahora sin los territorios y recursos que arrebataron a nuestro país en la guerra de conquista de 1847.

A este malogrado episodio no se puede poner de lado la asociación de numerosos funcionarios, y de modo clarísimo la apropiación de recursos por empresarios mexicanos y extranjeros beneficiados por la complicidad de esos tiempos, y que en el presente resulta tan obvia.

Es la hora en que nuestros dirigentes debieran comprender que México ha crecido como país independiente por su capacidad de rechazar, resistir y afrontar un destino adverso. Nuestro problema ha sido la voracidad de los gobiernos y mercaderes norteamericanos a los que nada les debemos y sí, mucho más de lo que imaginan, nos deben ellos.

A todos los gobiernos mexicanos se les ha presentado, bajo formas diferentes, el mismo dilema. Ningún conflicto nacional ha sido exclusivamente interior, siempre ha sido asistido por Estados Unidos. Lo que hoy no podemos permitir es el 'realismo dócil', aquel que ha conducido a la enajenación del país.

Lo fundamental del fascismo es el desprecio a la condición humana, a la dignidad personal y colectiva. Para resistir los ataques reiterados que ya padecemos, hay que enfrentar un gobierno respaldado por su pueblo; firme y decidido a mantenerse de pie. ¿Será así o nos doblaremos?

Twitter: @RaulCremoux

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