Opinión

¡Qué vergüenza!

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Mensaje de Enrique Peña Nieto por el Año Nuevo. (Tomada de presidencia)

Presidente de Sociedad en Movimiento.

Me dio vergüenza, mucha vergüenza, leer el último número de The Economist, la afamada revista de circulación mundial (tiraje de más de 8 millones de ejemplares), donde hacen referencia a la política mexicana - específicamente al tan comentado escándalo de corrupción en el que se vio envuelto nuestro presidente Enrique Peña Nieto-, bajo el título de “El pantano mexicano”.

Todo este escándalo a nivel internacional (la publicación The Wall Street Journal también lo ha divulgado en sus páginas) surge, principalmente, de la adquisición de inmuebles por parte de EPN o su esposa tanto en la época en la que ejerció su mandato como gobernador del estado de México como en la actualidad como presidente de nuestro país. Para los políticos mexicanos puede resultar normal y apegado a normas éticas el realizar operaciones personales con empresas constructoras a las que les han asignado jugosos contratos. Estas acciones se consideran de carácter inmoral en el ambiente internacional y lo mismo debiera suceder en el nacional. porque se les identifica como conflictos de interés que merman la confianza en nuestros gobernantes. Se afirma en The Economist, y considero que tiene razón, que el presidente no entiende la gravedad ni las implicaciones de la andanada de revelaciones incómodas que se han desplegado en los medios tanto mexicanos como internacionales. “No entiende que no entiende” dice de nuestro presidente la afamada revista, pero los mexicanos sí entendemos lo que significa, desde el poder, el otorgamiento de contratos de construcción al Grupo Higa, al mismo tiempo que encarga a éste la construcción de la ahora ya famosa “Casa Blanca”. Nuestro secretario de hacienda, por cierto, también resultó involucrado en estos conflictos de interés por su relación con el mismo grupo en la adquisición de su casa de campo.

La popularidad de nuestro presidente, que llegó a ocupar la portada de la revista Time como un líder de nivel mundial, se ha desplomado por debajo del 40 por ciento de aceptación, lo que revela la magnitud del problema. Muchos somos los perdedores y, por otra parte, se asoma un ganador: Andrés Manuel López Obrador, con todo lo que esto significa. El populismo está de plácemes.

México atraviesa momentos por demás delicados: crecimiento económico insuficiente, graves problemas de seguridad en la mayor parte de nuestro territorio, impunidad y falta de transparencia, crecimiento del crimen organizado, los muy lamentables casos de Ayotzinapa y Tlatlaya, una corrupción generalizada en todos los órdenes de gobierno y en la propia sociedad, los problemas del magisterio que se repiten año con año en perjuicio de millones de estudiantes y de la población en general, por mencionar los que acaparan en este momento la atención de nuestra población. Por otra parte, están pendiente reformas estructurales de gran calado que pueden cambiar el futuro de nuestro país, pero que requieren de la fortaleza y del prestigio de nuestro presidente para sacarlas adelante. ¿Qué podemos hacer como país? Muchas cosas, pero la más importante para este propósito es la de recuperar el Estado de Derecho que estamos cerca de perder. Como dijo en su momento nuestro ex presidente Ernesto Zedillo, México necesita tres cosas: Estado de Derecho, Estado de Derecho y Estado de Derecho.

La sociedad mexicana no puede mantenerse estática, contemplando cómo se nos desmorona el país por el cáncer de la corrupción. Llegó el momento de actuar y observo, con beneplácito, que la sociedad está en movimiento porque surgen proyectos desde la ciudadanía, orientados a combatir este gravísimo problema. El Consejo Coordinador Empresarial hizo un llamado en este sentido, que es digno de mención y merece todo nuestro apoyo. No podemos bajar la guardia. Cada uno de nosotros, desde nuestra trinchera, debemos actuar, pero si lo hacemos juntos a la luz de proyectos ambiciosos, encabezados por personas honestas, patriotas y capaces, la situación puede y debe cambiar. No podemos dejar que el país se nos vaya entre las manos. La política, según algunos, es demasiado importante como para dejarla sólo en manos de los políticos.

Hago votos porque el señor presidente ponga toda su atención al gravísimo problema que hemos señalado y actúe en consecuencia con toda la energía y capacidad necesaria, entre otras cosas, pidiendo la renuncia de aquellos de sus colaboradores que hayan fallado a su confianza. Tiene, con esto, la oportunidad de transformar un severo problema en una gran oportunidad –como lo hizo recientemente el presidente de Francia, Francois Hollande, frente al ataque de algunos terroristas- y recuperar, así, el liderazgo que tanto necesitamos de nuestro primer mandatario. Insisto en lo que he sostenido desde tiempo antes: México necesita tres cosas, líderes, líderes y líderes. Llegó el momento de que éstos asuman su papel.

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