Opinión

Que vengan las Fuerzas Armadas

     
1
   

    

Desfile militar

Que el Ejército venga junto con la Marina a patrullar las calles, los municipios, las ciudades y los estados con altos índices de inseguridad. Que vengan también a realizar el trabajo que los cuerpos policiacos de los diversos órdenes de gobierno deberían llevar a cabo.

Urge que lleguen antes, durante y después de cualquier desastre causado por la naturaleza. Urge la presencia de soldados y marinos en múltiples retenes carreteros, pero también en los aeropuertos, puertos, aduanas y terminales de autobús.

Son requeridos también para detectar plantíos de enervantes y después para destruirlos. Por supuesto se da como un hecho incuestionable su presencia en actos de orden político, como la toma de protesta de un alcalde o gobernador, sobre todo en aquellas regiones en las que el crimen y la delincuencia organizada tienen fuerte presencia.

Reconstruir cualquier terreno después del paso de una tormenta, huracán, sismo o inundación, sólo se entiende con el trabajo, coordinación y presencia de las Fuerzas Armadas. Frente a la desconfianza respecto de diversas autoridades, son ellos quienes asumen la responsabilidad de repartir despensas, láminas, útiles escolares, materiales de reconstrucción. A la vez, deben implementar y atender refugios para la población afectada. El levantamiento de escombros, la limpieza de zonas devastadas, atender enfermos y evitar saqueos y robos a los damnificados suele ser parte de sus tareas.

Los operativos para detener a los criminales más poderosos suelen estar a cargo de las Fuerzas Armadas. No desestimo la labor de otros cuerpos de seguridad, pero lo cierto es que marinos y soldados siempre participan en estas encomiendas de manera central o como importantes grupos de acompañamiento.

Se les exige operar sistemas de inteligencia y de investigación, y cuando por algún motivo los operativos fallan, suelen ser también los primeros acusados de complicidad con los criminales, o de atropellar los códigos establecidos.

Hace apenas unas horas y frente a la llegada de grupos de migrantes de otros países, se solicitó la presencia de soldados y marinos para instrumentar medidas de apoyo para esta población y para la entidad a la que están arribando.

En muchos territorios la sola idea del retiro de las Fuerzas Armadas provocaría serias amenazas de ingobernabilidad y profundo temor en amplios sectores de la sociedad.

Por supuesto que me sumo a todos aquellos quienes exigen que el respeto a los derechos humanos y a la ley sea irrestricto; sin embargo, no deja de ser paradójico, por decir lo menos, que quiénes son llamados a cubrir tareas para poner orden en temas que van desde el tránsito vehicular hasta la persecución de los peores criminales, carezcan de un marco jurídico que les brinde certeza y seguridad, que de manera muy clara señale sus deberes y en consecuencia también sus derechos.

La emboscada brutal que recientemente sufrió un grupo de soldados en Sinaloa muestra los enormes riesgos a que día con día se someten nuestras Fuerzas Armadas y pone en evidencia también el poder de grupos criminales que se salieron con la suya para rescatar a un cómplice aunque el saldo haya sido el asesinato de militares que estaban en cumplimiento de su deber.

Lo que en un principio pretendió ser una presencia temporal, hoy se ha convertido en una responsabilidad cotidiana para miles de mujeres y hombres del Ejército y la Marina.

Los costos para las Fuerzas Armadas son cada día mayores. En muchos discursos y declaraciones se insiste en que deben regresar a sus cuarteles; en la realidad, las peticiones para que atiendan múltiples tareas crecen a diario.

Imaginemos un día sin Fuerzas Armadas y entonces probablemente seremos más justos para dimensionar la presión y exigencia a la que están sometidos y también sus riesgos y gran vulnerabilidad.

Son muchos quienes han perdido la vida o han sufrido severos daños en el cumplimiento del deber.

Frente a todo esto la indiferencia e incluso el desprecio de algunos hacia las Fuerzas Armadas han crecido. Afortunadamente hay grupos de ciudadanos que valoran su trabajo y compromiso. Pero seguir en esta ruta sólo asegura un daño profundo e incluso irreversible.

Lo menos que podemos hacer es salvaguardar la institución en la medida que crecen las exigencias para estar al lado de los ciudadanos, mientras los verdaderos responsables apuestan a que en su ausencia o su ineficiencia sean los soldados y marinos quienes llenen los vacíos y paguen también las consecuencias.

Twitter: @JosefinaVM

También te puede interesar:
Las otras mujeres del debate
Colombia y la utopía de García Márquez
Grabaciones que matan