Opinión

¿Qué tan confiable es el árbitro electoral?

 
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INE

Hasta hace muy poco, la historia electoral había sido un largo inventario de resultados previsibles. La incertidumbre, elemento sustancial de las competencias democráticas, no había sido la principal característica de nuestros comicios.

En 1976, José López Portillo fue el único candidato postulado a la Presidencia de la República. A partir de esa fecha, el crecimiento de las diversas oposiciones se fue diversificando y también acelerando.

Para 1988, el partido dominante, el PRI, enfrentó cinco candidatos: Manuel Clouthier, del PAN; Gumersindo Magaña, del PDM; Rosario Ibarra, del PRT; Heberto Castillo, del PSUM, y Cuauhtémoc Cárdenas, del PARM.

Aquí se abrió una nueva época para los comicios. Las elecciones, sobre todo las presidenciales, no volverían a ser el mero trámite que requería y legitimaba la voluntad del mandatario en turno para designar a su sucesor.

Las elecciones fueron tan reñidas que, en el momento más crítico, ¿verdad Manuel Bartlett?, el sistema de cómputo se derrumbó. Y con ello, lo que restaba de credibilidad en el ya muy menguado proceso de renovación de poderes.

No fue gratuita la prioridad con que Carlos Salinas encabezó su toma de posesión: “Mi administración dará respuesta a la exigencia ciudadana de respeto a la pluralidad y efectiva participación. La garantía más urgente en el ámbito político es la transparencia de los procesos electorales. Comparto esa inquietud ciudadana.

Garantizaremos a todos que su fuerza política, cabalmente medida en la libre decisión de los votantes, será contada y reconocida por todas las partes. Nos urgen confianza, apertura y aceptación de los otros”. Con ello, Salinas buscaba la legitimidad que nunca alcanzó a cabalidad.

Desde entonces las cosas han cambiado hasta el punto en que, durante algún lapso, se consideró que el IFE, hoy INE, era el árbitro electoral; y si bien en la actualidad tiene un buen número de tareas derivadas de la búsqueda de transparencia que otorgue legalidad a las elecciones, también es cierto que su posición de organizador, regulador y ejecutor de los comicios se ha debilitado considerablemente.

¿Para esto se ha gastado tanta energía y miles de millones de pesos?

Lo más reciente es perturbador. Pasan de un centenar las impugnaciones que, desde diferentes ángulos, se le hacen a los lineamientos que aprobó para garantizar un eufemismo: “la cancha pareja”. Esa condición de equidad, que nunca ha existido y siempre se ha prometido, es prácticamente una falsedad consistente y, a veces, abrumadora. Ahora los recursos en contra, interpuestos por partidos de oposición, diversos políticos, medios de difusión y consejerías gubernamentales se han multiplicado.

Esto incluye hasta la propia Presidencia de la República. Y el significado concreto que esta deficiencia acarrea, es que, en las próximas elecciones de 2018, se potencializa la muy probable intervención del Tribunal Electoral y con ello enrarecer el clima electoral.

Visto de otro modo, y en secuencia lineal, el proceso electoral que viene, el más numeroso de nuestra historia contemporánea, carece de la fortaleza y la credibilidad que ya se debiera tener.

No, no la hay porque los antecedentes que ha generado la actual gestión de Lorenzo Córdova se ha visto empañada por diversos y hasta vergonzosos episodios.

Entre otros, la conversación que tuvo con un consejero despreciando la presencia de indígenas en el INE que deseaban participar; su léxico pudiera asemejarse a las opiniones que Trump ha tenido sobre los migrantes mexicanos.

Un ejemplo adicional que pinta la falta de sensibilidad ha sido el proyecto arquitectónico con dos torres, jardines y amenidades que, en época (una más) de recortes presupuestales, se tenía proyectado.

Del mismo modo, hay que resaltar que la obligada vocación por el servicio ha sido sustituida por dos elementos: los consejeros provienen del sustento que les dan los partidos políticos y no la ciudadanía.

El sueldo que debiera ser el propio de servidores entregados a ofrecer garantía de comicios limpios, equitativos, se ha convertido en una cadena de canonjías desmesuradas.

El INE no es hoy lo que debiera, un organismo de ciudadanos comprometidos con la democracia; es, por vocación opuesta, un conjunto de burócratas deseosos de relumbrón y de ofrecer una falsa imagen de equilibrio y honestidad ética.

Correo: info@raulcremoux.mx

Twitter: @RaulCremoux

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