Opinión

¿Qué soy?: Un panadero Lorenzo Servitje (1918-2017) 

 
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¿Cómo participa Bimbo en el mercado nacional?

En 1944, Lorenzo Servitje tenía 26 años y su hermano Roberto, 16. Eran hijos de inmigrantes catalanes que habían puesto una panadería en la calle 16 de Septiembre, en el centro histórico de la ciudad de México. Allí, ambos observaron que podía haber una oportunidad haciendo pan de caja. Hoy, su marca se volvió un genérico: el pan de caja ahora es más conocido como Pan Bimbo.

En aquel entonces el pan de caja se vendía en bolsas de papel encerado; el cliente no veía el pan y, cuando abría la bolsa, éste a veces tenía hongos. Por ello, los hermanos Servitje decidieron empacarlo en papel celofán con el fin de que los clientes pudieran ver el producto.

Además, idearon un sistema de distribución en el que el pan que no se vendía en tres días se retiraba, asegurando así su frescura.

Así nació Grupo Bimbo, una empresa que 70 años después se convirtió en la panificadora más grande del mundo en términos de producción y venta de pan.

Bimbo maneja más de 10 mil productos, entre los que destacan: pan de caja, pan dulce, bollería, pastelitos, galletas, confitería, botanas saladas, tortillas, tostadas, cajeta, entre otros. Tiene más de 126 mil colaboradores, 152 plantas productivas y más de 52 mil rutas en el mundo, que llegan a dos millones de puntos de venta.

Está presente en 19 países de Europa, Estados Unidos, Latinoamérica y Asia.

Cuando me preguntan a qué hombre de negocios mexicano considero ejemplar, la respuesta es inmediata (y podríamos agregar, sencilla): a Don Lorenzo Servitje Sendra.

Él era toda una institución, un mexicano ejemplar, con un enorme cariño por su país y un excelente empresario que destacaba por su aguda mente estratégica, su disciplinada capacidad de ejecución y su enorme sentido de responsabilidad social.

Estoy convencido de que fue un modelo de empresario como los que le hacen falta a México: eficaz, ético y capaz de ver a sus semejantes como personas y no como instrumentos. En pocas palabras, el perfecto paradigma del buen empresario, con una trayectoria muy digna de emular en la clase empresarial mexicana.

Tenía la profunda convicción de ver al trabajo como una aventura apasionante que, si se comparte con los colaboradores en la empresa, tiene como resultado la confianza, misma que funge como sostén de toda institución.

Como los buenos líderes era muy exigente, empezando esa exigencia consigo mismo, pero no era la exigencia que ahora vemos en los tiranos: egocéntrica y autoritaria. No. Era una exigencia combinada con la caridad, con el cariño que tenía a quienes trabajaban con él.

Por eso, tantos lo admiraron y el domingo siguiente a su fallecimiento había innumerables esquelas y artículos acerca de él.

En unas conmovedoras líneas, publicadas en el periódico al día siguiente de su muerte, el menor de sus ocho hijos, Daniel Servitje, el ahora director General del Grupo Bimbo afirmó: “Era un hombre de grandes y calladas virtudes. De inteligencia profunda y sentido práctico. Con las ideas claras, disciplina, enorme capacidad de trabajo, valores firmes y una profunda espiritualidad. Invariablemente, predicaba con el ejemplo, era tenaz y congruente…., cuando platicábamos me cautivaba descubrir el brillo en sus ojos, al tiempo que levantaba los brazos de emoción contando alguna de sus anécdotas o el avance de sus múltiples proyectos. Era apasionado e inquieto y muy perseguidor.

Nunca le interesaron las cosas materiales, los reflectores o los aplausos, pero sí los grandes proyectos y un profundo deseo por hacer el bien. Sentía un hondo amor por su país. Mucho de lo que emprendió en su vida lo hizo pensando en México, en la forma en que podía contribuir a su crecimiento y a su pleno desarrollo, especialmente de los más pobres.

Fue un líder que nos inspiró y enseñó a:

•Dar todo lo que puedes dar en tu paso por esta vida, a vivirla guiado por ideales y comprometido con ellos.
•Estar permanentemente inconforme con lo alcanzado y con la realidad.
•Ser humilde y realista.
•Ser congruente entre el pensar, el decir y el hacer.
•Tratar a las personas como personas, nunca como instrumentos.
•Dedicarle tiempo a las personas que quieres, a reír, a disfrutar con los demás.
•Ver el trabajo como una misión, una pasión, una aventura, más que una tarea.

¿Su consejo para conseguir el éxito?: nada valioso se puede alcanzar en la vida, sin esfuerzo, sacrificio y riesgo”.

El presidente y el secretario de la Conferencia Episcopal Mexicana (El cardenal José Francisco Robles Ortega, de Guadalajara y Mons. Alfonso Gerardo Mira de Monterrey) hicieron un elogio muy realista al afirmar: “En Don Lorenzo hemos podido conocer la belleza de una fe concreta, una mente actuante y un corazón pensante. Su solidaridad a múltiples causas, y su incansable amor por México, obra de la vida en el Espíritu, le permitieron vivir en una apasionada entrega, generosidad y fecundidad, …, Confiamos en que, el Pensamiento Social de la Iglesia, que tanto difundió Don Lorenzo, seguirá siendo promovido en múltiples sectores de la Iglesia y la sociedad, gracias a su testimonio”.

En efecto, además de sus labores empresariales, Don Lorenzo ayudo a fundar (y a sostener financieramente) al Instituto Mexicano de Doctrina Social Cristiana, a la Fundación Mexicana para el Desarrollo Rural y a la Unión Social de Empresarios Mexicanos.

Siervo bueno y fiel, que supo multiplicar y hacer rendir muy productivamente sus talentos, Don Lorenzo siempre ocupará un lugar destacado entre los grandes empresarios de México.

El autor es profesor del Área de Política de Empresa (Estrategia y Dirección) en el Instituto Panamericano de Alta Dirección de Empresa (IPADE) y Director de Programas In-company en la misma institución.

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