Opinión

¿Qué sigue, presidente?

El informe presidencial de hoy reviste un interés especial porque es la primera vez que en un jefe del Ejecutivo tiene todo lo que ha necesitado para lanzar al país hacia nuevos y mejores estados de desarrollo.

Hoy deberemos saber qué sigue para el país, pues lo que políticamente era más difícil, el acuerdo con las fuerzas de la oposición para romper las ataduras constitucionales y los tabúes de México, ya es prueba superada.

Me imagino un informe divido en tres partes.

La primera debe ser el documento histórico del presidente Peña Nieto a la nación, que es la información de las reformas alcanzadas mediante acuerdos políticos en el Congreso.

Se trata de un logro extraordinario, pues sin tener mayoría en las cámaras legislativas, el presidente y los partidos desatoraron un nudo de inmovilismo que mantenía a México atado desde 1997.

Fueron aprobadas grandes reformas en el terreno energético, educativo y financiero. La cara del país es otra, y tendrá que explicarnos cómo el país va a ser también otro, a partir de esa base que fue aprobada con claras mayorías en el Congreso.

La segunda parte del informe deberá responder a la interrogante de cómo se van a instrumentar las reformas que acordó el Poder Legislativo.

Cuáles van a ser los candados de esa instrumentación, para que estas reformas no desbarranquen por falta de apoyo institucional o ausencia de trabajo gubernamental, como ha ocurrido con otras reformas anteriores.

Quizá el mejor ejemplo de una buena reforma malograda por la ausencia de Estado es la reforma al artículo 27 constitucional, pues al campesino no sólo se debió dar en propiedad la tierra y capacidad para decidir sobre ella, sino apoyos económicos para explotarla y sacarle provecho a la nueva situación jurídica.

Luego de aprobarse la reforma al 27 constitucional, los apoyos reales al campo en los siguientes diez años cayeron 45 por ciento. Y el financiamiento de la banca al campo decreció hasta representar apenas uno por ciento de todo el crédito que otorgó el sistema bancario.

Eso no puede volver a ocurrir: buenas reformas aprobadas en el Congreso, malogradas por la ineficiencia gubernamental.

La instrumentación de las reformas es fundamental. Cómo se va a proceder para que gobernadores pusilánimes no arruinen la reforma educativa, por ejemplo.

O cómo el Estado va a tener la supremacía en el ámbito energético para no estar sometidos a los caprichos y abusos de las grandes corporaciones petroleras.

En la tercera parte del informe deberíamos oír la respuesta a la pregunta fundamental: ¿qué sigue?

Entre otras variantes de esa pregunta, se espera una información precisa acerca de cuándo van a empezar a caer los beneficios de las reformas en los bolsillos de los mexicanos.

Hay que saber, y esperemos que el informe lo responda, qué iniciativas nuevas trae el gobierno del presidente Peña Nieto, una vez concluido el ciclo de reformas.

En qué van a consistir las tareas de gobierno en los siguientes años de un sexenio que aún no cumple su primer bienio. Las políticas de Estado en obra pública, desarrollo social, salud, seguridad y transparencia, ¿cuáles van a ser y qué van a contener?

Ahí están las tres partes del informe de hoy, y la pregunta fundamental: ¿qué sigue?

Twitter: @PabloHiriart