Opinión

¿Qué sigue al giro del presidente Peña?

 
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Enrique Peña Nieto

Ante el pleno en la ONU el presidente enfatizó que los esfuerzos de la comunidad internacional para enfrentar el flagelo de las drogas ha sido “francamente insuficiente y la posición prohibicionista no ha logrado inhibir la producción, el tráfico ni el consumo, por lo que se requiere una posición más flexible”. En otras palabras, reconoce el fracaso donde el número de muertos, encarcelados, desaparecidos y toda la cauda de dolor que esto conlleva, no ha servido ni para erradicar ni para disminuir el acoso de los malvivientes.

Sin decir nombres, se lanzó fuerte contra los países consumidores de drogas ya que sus gobiernos no actúan con la decisión que la situación requiere; poco faltó para que en forma explícita indicara que obran en contrario ya que permiten la siembra, trato comercial y distribución de mariguana. Fue claro al asegurar que se debe transitar de la prohibición del consumo a una efectiva prevención sobre los daños a la salud que provocan, así como la regulación para no caer en lo que hasta ahora ha prevalecido: la criminalización de los consumidores.

Particularmente importante es atender “el problema desde la perspectiva de los derechos humanos lo cual significa modificar el enfoque eminentemente sancionador para dar respuestas integrales, equilibradas y promotoras del desarrollo”. Todo un cambio.

Fue más allá cuando señaló que “la adicción debe atenderse con mecanismos de prevención y soluciones integrales, no con instrumentos penales que criminalizan y deterioran el desarrollo de la personalidad de los así detenidos”. Ciertísimo, en la actualidad hay más de 54 mil jóvenes que han sido condenados por posesión de drogas (sustancialmente mariguana). El 78% son hijos de clases populares y sobre ellos y su pobreza se han cebado, pues no son tratantes sino simplemente miniconsumidores. Ese cambio que ha marcado el presidente Peña en la ONU debe traducirse en hechos aquí en el país para que la policía no arreste a jóvenes por llevar algunos gramos de la yerba que ya se cultiva y comercializa legalmente en más de 18 estados de la Unión Americana.

La posición del presidente debiera anunciar un cambio social, legal, a fondo que a todos nos permita conocer los alcances de una verdadera transformación. ¿Qué podríamos esperar? De lo que hoy existe y crea un marco referencial, están los medios, especialmente la televisión. No hay día que no veamos películas y series donde la droga es la incubadora para que se desaten todo tipo de pasiones mal sanas siempre acompañadas de esa violencia que enseña las múltiples formas que tiene la tortura, violación, fraude, extorsión, sadismo y el inacabable inventario de muertes propiciadas en buena manera por las normas y reglamentos de la policía, las agencias criminalísticas y… las buenas conciencias.

También deberemos esperar una campaña informativa permanente en la que se den a conocer las consecuencias que sobre la salud tienen la mariguana, las anfetaminas, el opio, la cocaína, el crakc y todas las variables que hoy tienen los vicios modernos. De hecho, la Secretaría de Salud tendría una encomienda capital que conjuntamente con la Secretaría de Educación, Cultura y todas las instituciones que auspician el desarrollo, debieran asumir y hacer con ello, una segunda naturaleza de servicio público. No hay otra manera para el despertar de conciencias y enfrentar en lo nacional esa epidemia que nos envuelve. En lo internacional, ya lo dijo el presidente Peña, se deberá crear una estrategia que borre las fronteras y en forma decidida enfrente ese cáncer que desde dentro carcome ya a buena parte de la sociedad, especialmente a las franjas de niños y jóvenes.

¿Qué vamos a hacer con esos jóvenes marginales arrestados y condenados que hoy pueblan las cárceles mexicanas; cómo vamos a procesar en lo inmediato la hipócrita norma prohibitiva y criminalista por la de salud y prevención; se tendrán los medios y la disposición de magistrados, jueces, gendarmerías al igual que las escuelas y los institutos de salud?

La tarea tiene consecuencias de orden variopinto, afectan intereses poderosos y no se agota en el lapso de un sexenio. Requiere el compromiso de toda la sociedad, bueno, la parte mayoritaria que no comulga con las drogas.

Twitter:@RaulCremoux

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