Opinión

¿Qué significado tendrá
la Secretaría de la Cultura?

 
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EPN Bellas Artes. (Cuartoscuro)

Casi terminaba el discurso del presidente Peña en Palacio Nacional equivalente a su Tercer Informe cuando hizo énfasis particular en diez acciones para regular la desigualdad y fortalecer el enfrentamiento a los desafíos que como país tenemos en lo inmediato. Algunas de esas medidas ya eran más o menos conocidas como vigorizar esfuerzos en regiones de mayor rezago y con ello evitar el contraste entre buena parte del norte del país con la del sur; otra de ellas y no menos importante, será la de concretar los acuerdos para instrumentar la justicia cotidiana. Bien la que procurará la renovación de la infraestructura educativa en aulas y planteles educativos a través de bonos en la Bolsa de Valores.

Esto sin duda es una innovación que correrá la suerte que pueda tener alguna empresa; ojalá sea venturosa. Sobre todo si esa ingeniería financiera cuenta con el apoyo de inversionistas. Junto con la novena medida encaminada al desarrollo de la estructura nacional con una gama de proyectos productivos y certificados de fondos de inversión destinados lo mismo al sector público que privado, tenemos un paquete nuevo y audaz.

La séptima medida es de llamar poderosamente la atención: el presidente decide otorgarle un gran impulso a la cultura ya que considera debe tener una prioridad nacional. Así lo había dicho en la celebración del vigésimo quinto aniversario de Conaculta: “Antes del uso de las Fuerzas Armadas, está la cultura como último valladar”. Ahora propone la creación de una Secretaría de la Cultura. ¿Cómo sería? ¿Qué tan diferente sería de los esfuerzos que ya hace Conaculta; quedarían incluidos Bellas Artes, el Instituto Nacional de Antropología o Radio Educación?

Quizá nos ilustre el hecho con la creación del primer Ministerio de la Cultura que el general De Gaulle durante la V República hizo para André Malraux a quien otorgó plenos poderes para realizar una inmensa y trascendente tarea. A él le correspondió crear una política cultural destinada a las masas popularizando el cine, los museos y la música. A pesar de su brillante gestión, ésta no estuvo exenta de críticas y algunos le reprocharon el deseo de disimular diversas carencias culturales del país para financiar grandes proyectos artísticos. Vale también hablar de lo que hizo el presidente francés Francois Mitterrand nombrando a Jack Lang como ministro delegado; es decir, inicialmente sólo era convocado al Consejo de Ministros cuando se tratara algún asunto relativo a la cultura y no a todo tipo de cuestiones en general. Con ello lo relevaba de fricciones y desgastes. Más tarde la situación cambió ya que el presidente francés quería ser visto como un mandatario vinculado al arte, la creación y el desempeño cultural.

Mitterrand terminó viendo a Jack Lang como uno de sus favoritos y eso no lo ocultaba ya que lo invitaba frecuentemente a cenar a diferentes restaurantes parisinos. El presidente evidenciaba así la importancia que daba a los aspectos culturales. Véase la ampliación que se hizo del museo del Louvre hasta alcanzar los 160 mil metros cuadrados, así como la controversial pirámide de cristal a la entrada; los miles de becarios en ramas tan disímbolas como la fotografía, la arquitectura o el teatro para no omitir el proyecto de la gran biblioteca nacional que en la actualidad lleva su nombre.

Contrariamente a estos dos renombrados ejemplos, hay uno totalmente opuesto. En octubre del año pasado cuando la ministra de la Cultura en Francia, la señora Fleur Pellerin contó haber almorzado con Patrick Modiano, el escritor francés que obtuvo el Premio Nobel de Literatura, no supo responder a una reportera que le preguntó el nombre de la que sería la novela favorita del escritor. Se concretó a decir que el encuentro había sido maravilloso pero que nunca lo había leído; mejor aún, dijo leer sólo notas de trabajo, despachos y textos de ley. No se ruborizó cuando afirmó que no leía ningún libro desde cuando menos dos años.

¿Qué tipo de secretario de la Cultura nombrará el presidente Peña; un conocedor de la prolífica maraña cultural o bien alguien como el gigantesco Malraux, acaso como el protagónico Jack Lang o como la señora Fleur Pellerin?


Twitter: @RaulCremoux

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