Opinión

Que se mueran ya

 
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Longevidad. (www.trabajadores.cu)

Por estar atentos a la revolución social, a la revolución sexual y a la revolución informática perdimos de vista una revolución silenciosa que hoy nos tiene de cabeza y que seguirá impactando de manera decisiva el entorno del nuevo/viejo mundo. Me refiero a la revolución cardiovascular, esa que ha permitido en unas cuantas décadas la prolongación espectacular de la vida.

En promedio, hoy las personas viven 40 años más de lo que vivían hace un siglo. Por lo general relacionamos el impacto de la longevidad con las pensiones, su grave peso en la economía. O con las enfermedades y su enorme costo en la seguridad social. Esto para no decir: la carga de los viejos en el mundo. Hoy se vive más y esos que viven más, votan.

Lo acabamos de ver: en Inglaterra el 61 por ciento de los mayores de 65 años votó a favor de la salida de Inglaterra de la Unión Europea, contra el 75 por ciento a favor de su permanencia entre los jóvenes de 18 y 24 años. En España el voto de los mayores fue igualmente decisivo en la victoria del Partido Popular.

Las reacciones no se han hecho esperar. “Es profundamente injusto. Ellos ya han vivido su vida, ¿por qué tienen que decidir la nuestra?”, expresó un joven arquitecto inglés. Al día siguiente del Brexit, Mary Crossley, londinense de 69 años, recibió una llamada enfurecida de su hija: “Nos arruinaste, mamá.” En España abundaron tuits como los siguientes: “¿Cuándo se mueren los viejos que votan al PP?”; “Viejos votando Brexit, viejos votando al PP… yo veo claro dónde está el problema”; “Hay que eliminar las pensiones a ver si los viejos la van cascando”; “Siguen hipotecando nuestro futuro, a ver si la palman ya”. Para los jóvenes europeístas ingleses y los ultras de izquierda de Podemos la solución es sencilla: que los viejos se mueran ya.

Son las primeras manifestaciones de un fenómeno que veremos replicado en muchas partes, porque la longevidad es un asunto generalizado a nivel global. La preocupación de los partidos por atraer a los jóvenes votantes tendrá que compartirse con la necesidad de ofrecer una oferta electoral atractiva a los mayores.

¿Por qué los viejos votan por opciones tradicionales? Porque el mundo nuevo tecnológico y globalizado no les ofrece lo básico: seguridad. Todo lo contrario: cada vez que estalla una crisis, y en el capitalismo son cíclicas, las miradas siempre se dirigen a las pensiones: cómo recortarlas, cómo invertirlas (con el riesgo de que se pierdan). Si para los viejos el mundo ya es malo hoy, el futuro que les promete el mundo cambiante es aterrador. ¿Qué el voto tradicional es un voto nostálgico?

La nostalgia no es un mal refugio ante un futuro de transformaciones que amenazan con arrasarlos.

“La culpa directa recae en los médicos, nos han llenado de viejos”, escribió Adolfo Bioy Casares en una extraordinaria novela (Diario de la guerra del cerdo, Emecé), un texto por desgracia muy actual. En la novela de Bioy estalla en Buenos Aires una violenta guerra de los jóvenes contra los viejos (los cerdos) azuzada por un demagogo que a través de la radio excita y conmina a la juventud a eliminar a los mayores. Uno de los muchachos –así se llaman a sí mismos los viejos en la tertulia–, les habla a sus amigos con esperanza de una posible salida: “he oído hablar de un plan compensatorio: el ofrecimiento, a la gente anciana, de tierras del sur.” La deportación masiva como única forma de salvare la vida ante la amenaza de los Jóvenes Turcos que los acosan. Bioy Casares publicó su novela en 1969 cuando Argentina era gobernada por el dictador Juan Carlos Onganía que utilizó organizaciones guerrilleras de jóvenes para acceder al poder.

La pesadilla novelesca de Bioy Casares –muchachos apedreando y lanzando a la hoguera a los ancianos– apenas despunta hoy en futuros tuits. Pero lo próxima revolución no será informática (a la que de hecho le falta poco para terminar su ciclo) sino de la biología y la genética. Su objetivo es claro: prolongar la vida, reducir las enfermedades. En las civilizaciones avanzadas cada vez se tienen menos hijos y la esperanza de vida es mayor. Es difícil predecir las consecuencias políticas de esto.

En México 2018, los viejos ¿votaran por un hombre de pelo encanecido y profundamente conservador como López Obrador o por el joven Anaya que promete un futuro sin sustancia?

Los viejos –les queden 20, 10 o 5 años de vida– no tienen por qué sacrificarse por los jóvenes a los que les restan 50 o 60 años. Cada año, cada día de cada vida humana vale lo mismo. Tienen el mismo valor humano la esperanza y la nostalgia. Si quieren los jóvenes que los viejos no bloqueen su futuro con su voto deben asegurarse de que vivan seguros y bien.

Twitter:@Fernandogr

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