Opinión

Que se acabe el Informe

Repantigado en el mullido sillón del amplísimo estudio, Gil caviló no sin cierta melancolía: ¿cuántas veces Gamés ha leído, en la víspera de un informe presidencial, esta frase proferida por sesudos analistas políticos?: “de luz y sombra, el Segundo Informe del presidente”. Así ha cabeceado su periódico El Universal una de las noticias sobre el Informe de Peña. Anjá: la lluvia es pertinaz, el derrotero incierto, los desafíos enormes, en un momento dado hay que enfrentar los problemas y, desde luego, el camino recorrido hasta aquí ha sido de claroscuros. Entonces, Gilga escribe: el Segundo Informe de Gobierno de Peña Nieto, de luz y sombra. Oh, sí. Se siente bien escribir esta frase que pretende en el fondo, muy en el fondo, como de aquí a China, matizar con cierto sabor crítico.

Gamés añade: en el Segundo Informe de Peña Nieto hay buenas noticias, pero también hay malas, hay mucha gente alta, pero también baja, los hay morenos, pero también blancos, a veces arriba, pero otras abajo. Esta filosofía de la vida conduce a un periodismo tan sabio y desprovisto de emoción que dormiría a un insomne profesional. Por lo demás, no se vería bien que alguien escribiera: luces meridianas irrepetibles en el Segundo Informe de Peña, aunque hay quien lo escriba. O bien este otro exceso en una primera plana: noche negra y aciaga para la República en el Informe presidencial.

El triunfo

A estas horas del día, en el Palacio Nacional se abrirán los baúles del triunfalismo. Gil podría jurar que el presidente Peña recibirá ovaciones ensordecedoras de los cercanos a su partido. Cierto, el presidente y su equipo han logrado once reformas centrales, impensables, en el ámbito de la vida política del país. Ahora mal: sólo el que se vence en la victoria se vence dos veces.

Aigoeeeei. Nada, sólo faltará en el acto del presidente en el Palacio Nacional el desaparecido besamanos y en la prensa aquellas notas de la infancia: diez veces fue interrumpido el presidente por los aplausos de quienes reconocen su labor. Más: los sectores obrero, campesino y empresarial han reconocido la labor del presidente. Ah, las fotografías de los periódicos: el presidente saluda al líder de la Central de Trabajadores Mexicanos (CTM), al hombre fuerte de la Confederación Nacional Campesina (CNC), al jefe de la Confederación Nacional Organizaciones Populares (CNOP) y de la Confederación Nacional Obrero Mexicana (CROM). Ah, qué tiempos aquellos, señor don Simón.

Gil jura y perjura que una reforma sencilla y novedosa habría consistido en eliminar para siempre ese formato de Informe. Se puede informar una vez al mes, una vez al semestre, enviar mensajes televisivos, utilizar el radio, pero nada más alejado de las reformas que ha impulsado Peña Nieto que reunir a la clase política, a los representantes de los medios de comunicación, en fon, a todo Dios, y hablarles bonito.

El último Informe


Si el equipo reformador de Peña Nieto ha logrado cambios constitucionales necesarios para modificar Pemex, la organización de las telecomunicaciones y la educación, ¿no es un poco demasiado conservar el formato del presidente en el acto de verse en el gran espejo del autoelogio? Gamés propone: que el Informe del gran Tlatoani termine para siempre. Un informe autoritario, antidemocrático, de mentiras absurdas, de números incomprensibles, la gran simulación presidencialista. Una reforma simple: que se acabe.

Gilga recuerda informes presidenciales de épocas perdidas en la bruma de los tiempos. Frases agresivas de Díaz Ordaz, demagogia tercermundista de Luis Echeverría, lágrimas de cocodrilo de López Portillo, discursos de la catástrofe de Miguel de la Madrid. Aquí una pausa, cuando Porfirio Muñiz Ledo y Marco Rascón apostrofaron al presidente, el Informe presidencial empezó a desvanecerse. Largas explicaciones de Salinas, recuentos del cataclismo económico provocado por las malas decisiones, de Zedillo. Esa ceremonia terminó con Fox y Calderón, pero a alguien se le ocurrió que para evitar sinsabores y majaderías se podría realizar una reunión para que el presidente estuviera cómodo. Gil caminó sobre la duela de cedro blanco y perdió los estribos: que se acabe el Informe, ya. ¿Sí o no?

La máxima de Graham Greene espetó dentro del ático de las frases célebres: “La política está en el aire mismo que respiramos, igual que la presencia o la ausencia de Dios”.

Gil s’en va.

Twitter: @GilGamesX