Opinión

¡Que salga Chong!

Inusual, sin precedente. En la ruptura de esquemas y estilos políticos, el secretario de Gobernación salió a la calle a enfrentar y a dialogar con los inconformes estudiantes del Politécnico Nacional. En un acto que más de uno pudiera haber considerado como riesgoso –posibles proyectiles, insultos, agravios y medidas que pudieran exaltar a los jóvenes– fue recibido por un sonoro aplauso por los miles de congregados en Bucareli, frente a Gobernación.

Las gestiones intentaron, como se estila en muchos de estos casos, invitar a una comisión al interior de la Secretaría y que ahí, en un salón o sala de juntas, negociadores “profesionales”, oficial mayor o hasta subsecretario los atendiera. Los estudiantes rechazaron la oferta y gritaron a cuello partido “¡Que salga Chong!”. Y el secretario salió, dejó a su cuerpo de seguridad en la valla, y subió al templete montado para la protesta con dos funcionarios que atendían ya a los manifestantes.
El secretario de Gobernación demostró oficio político y sensibilidad para escuchar y atender a una multitud de estudiantes rebeldes, inconformes.

No se trata de encontrar quién tiene la razón y si su argumentación en contra del cambio de reglamento interno y las exigencias democratizadoras al interior del IPN, tienen bases y sustento. El trabajo del servidor público, del funcionario y del político, consiste en atender a la ciudadanía, escuchar sus necesidades, peticiones, demandas, exigencias para una mejor calidad de vida. Esa es la naturaleza del trabajo y función de un servidor público. Osorio Chong demostró el martes por la tarde que entiende a la perfección la naturaleza de su encargo y su primaria obligación.

Es importante enfatizarlo, porque con frecuencia vemos a políticos y servidores que confunden su tarea, con la búsqueda perpetua y el ejercicio del poder. Osorio Chong salió, dio la cara, leyó el pliego petitorio, firmó de recibido –como constancia y compromiso de que el mensaje ha llegado– y convocó el viernes 3 de octubre para continuar el diálogo y, sobre todo, ofrecer respuestas y soluciones. Ya quisiéramos muchos mexicanos que los problemas de estados, ciudades, regiones y municipios, se atendieran con tal rapidez, compromiso y eficiencia.

En cuanto al Poli y la situación interna, obedece a una serie de resortes y movimientos políticos detonados lamentablemente por la propia doctora Bustamante. Tengo el gusto de conocerla, de haber dialogado con ella en eventos e incluso en su oficina de Zacatenco. Tengo la mejor impresión de ella como académica y como directiva del Instituto. Tal vez faltó sensibilidad y apertura para escuchar a la comunidad politécnica, construir acuerdos y consensos en vez de imponer medidas y modificaciones que causarían, como finalmente sucedió, agravios y molestias.

El gobierno de la República y la Secretaría de Educación no tendrán más alternativa que retirarla de su cargo. Tal vez no ahora y de inmediato, en una medida que pudiera ser leída como concesión y debilidad frente al movimiento, pero sí en unas semanas que permitan la búsqueda de candidatos a ocupar la dirección general.

Pero más allá de este episodio, es la oportunidad histórica para que el Poli obtenga –como exigen los propios estudiantes– garantías democráticas instauradas al interior de la institución. Existe un rezago histórico respecto a la designación del director por parte del gobierno, cuando existe la madurez suficiente para que se diseñen los instrumentos de una auténtica selección interna, con candidatos y consejos.

No se trata señores gobernantes de “conceder” el pliego petitorio en su totalidad –tal y como analizaría cualquier asesor– sino de considerar qué es lo mejor para el Politécnico, para su vida interna y para el florecimiento académico y democrático de esa espléndida institución de enseñanza superior. Que se imponga lo académico, lo pedagógico, el impulso de la institución, por encima de la política y de la lógica de poder.

Twitter: @LKourchenko