Opinión

¿Qué piojo nos picó?

Durante más de dos sexenios nuestros partidos políticos fueron incapaces de ponerse de acuerdo en lo que ellos mismos consideraban necesario, importante y hasta trascendente; en el arranque de esta administración y durante lo que fue el Pacto por México, se han trazado las líneas de lo que, desde el fondo, puede cambiar al país.

¿Cómo fue eso; que piojo nos picó?


Hace dos días, la Selección de Futbol dio un gran paso en su larga búsqueda de reconocimiento internacional al empatar con Brasil, allá en el máximo escenario de ese deporte; ahora en todos los países que conocemos, se admite y pondera que las reformas políticas emprendidas por los partidos mayoritarios están en el camino correcto.

¿Qué hicimos; qué piojo nos picó?

Quienes saben de números, estadísticas y ecuaciones de segundo grado, tratan de decirnos que en el mediano plazo (¿cinco, ocho años?) nuestra economía estará entre las más grandes y decisivas del mundo; mientras eso ocurre, los futbolistas mexicanos obtienen una jornada consagratoria frente al cinco veces campeón del mundo y le brindan a la nación unos minutos de alegría y ensueño.

¿Cómo se hizo eso; qué piojo nos picó?

Desde hace muchos años, tantos que es difícil recordarlo, entre nuestros dirigentes y contando con la colaboración consciente o no de la mayoría, extraviamos la aspiración de grandeza.

Dejamos de lado la que debiera ser una apremiante necesidad en terrenos tan delicados como la dignidad nacional, el abasto alimenticio, la generación de nuestra propia energía y, de manera significativa, la que debiera ser inmensa y permanente aspiración de justicia.

Así, y en consecuencia, nos fuimos abandonando a la impunidad en todo tipo de irregularidades y delitos; nos convertimos en infractores de nuestros valores y dejamos que la corriente del desamparo nos bañara hasta casi ahogarnos.

En distintos ámbitos, hoy sabemos que los aviones no vuelan porque los hombres hayan podido liberarse de la ley de la gravedad, sino porque hemos aprendido a calcularla. Sabemos ya y nos lo repetimos todos los días, que la lógica del compromiso social está en la transformación democrática y esta siempre inacabable tarea está en el corazón de nuestro proceso político.

¿Cómo hemos logrado esto; cuál de tantos piojos nos picó?

En el segundo tiempo del encuentro futbolístico, el entrenador Miguel Herrera, para amarrar el empate, hubiera podido meter a dos o tres elementos defensivos y, en lugar de eso, puso a tres jugadores con vocación ofensiva: Chicharito, Marco y Jiménez.

Con esa misma fórmula, se extiende en muchas franjas de la población un mensaje de confianza y determinación sobre nosotros mismos.

¿O se trata de sentirnos fuera de forma para enfrentar los numerosísimos obstáculos que como sociedad tenemos enfrente?

Mala cosa, dicen algunos, que nuestro mejor hombre en la cancha sea el portero. Debiera ser un delantero, afirman. Es cierto que hablar de la defensiva es reconocer nuestra vulnerabilidad, pero también es necesario admitir que, como ahora en la vida pública, ya hemos detenido aquél mito que roía nuestras entrañas y nos aquejaba de inferioridad extrema.

Hoy ya sabemos que el cambio comienza en nuestro interior, ahí en el músculo cardíaco dispuesto a bombear un mejor horizonte.

Quizá debamos agradecer esto a ese minúsculo motivador llamado El Piojo.