Opinión

¿Qué pasará ahora con la economía mexicana?

 
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Fachada de las oficinas del IMSS en Reforma. (Cuartoscuro)

Los datos estadísticos más recientes muestran un entorno económico muy positivo en México, como son la producción de automóviles y las ventas al menudeo en México, los empleos registrados en el IMSS y una tasa de inflación extremadamente baja, entre otros. Sin embargo, en los últimos meses se ha registrado un importante debilitamiento del peso mexicano frente al dólar, lo cual ha hecho que diversos sectores de la población estén preocupados sobre la posibilidad de una macro-devaluación del peso, como sucedía en el pasado.

Sin embargo, hay que enfatizar que en esta ocasión es diferente ya que la política cambiaria es flexible, lo que quiere decir que todos los días se modifica el valor del dólar de acuerdo a la demanda y oferta que impere en los mercados nacionales y, sobretodo, internacionales. En las décadas anteriores sucedía que el gobierno tenía como objetivo sostener el valor de la moneda en cierto nivel y utilizaba todos sus recursos para lograrlo. Sin embargo, en ocasiones los desequilibrios eran tan fuertes que se quedaba sin capacidad para sostener el nivel de peso en el nivel anunciado, como podía ser la falta de reservas internacionales o un excesivo gasto público, por lo que se veía obligado a dejar de apoyar al tipo de cambio, lo que equivalía a tener fuertes devaluaciones. Hoy la situación es totalmente diferente, ya que no se tiene el objetivo de sostener una cotización fija del peso y las condiciones de mercado hacen que el mismo tenga variaciones todo el tiempo.

Hay que enfatizar que en la actualidad la causa principal de la devaluación del peso es el fortalecimiento del dólar por la modificación de su política monetaria. Este comportamiento ha afectado a la mayoría de divisas del mundo y la situación continuará durante varios meses o incluso años más. Sin embargo, hay que enfatizar que el entorno y las políticas de cada país reducen o incrementan el ajuste de sus divisas.

El cambio monetario de Estados Unidos ya está provocando una reducción en los montos disponibles de financiamiento y liquidez global, por lo que los gobiernos y las empresas tienen creciente dificultad para obtener recursos crediticios a las tasas predominantes en años anteriores, entorno que también afecta a nuestro país. Además, los inversionistas internacionales son más selectivos para escoger los lugares donde canalizan sus recursos, dando preferencia a países con una reducida deuda pública y un bajo déficit fiscal. Es por lo mismo que le dan un seguimiento especial al crecimiento de la deuda del gobierno mexicano, el cual ha pasado de representar 27.6 por ciento del PIB en 2007 a 45.7 por ciento al finalizar el año 2015 (medido por medio del Saldo de Requerimientos Financieros del Sector Público). Otro tema que ven con gran preocupación son las finanzas de Pemex e incluso las calificadoras ya le redujeron su valoración crediticia, lo que sin duda presiona la calificación del gobierno federal.

Aunque la deuda del sector público es inferior a la que en promedio tienen los países desarrollados, la tasa de interés que paga nuestro gobierno es significativamente superior a la que erogan aquéllos, por lo cual su impacto es mayor en México.

Para facilitar este ajuste global es conveniente que tanto los gobiernos federal, estatales y municipales, así como las empresas, revisen su situación financiera para enfrentar este cambio de mediano plazo en el entorno global y nacional, que se caracteriza por una menor disponibilidad de financiamiento e incremento adicional en las tasas de interés, reducción en el precio de las materias primas y otros productos que se cotizan en los mercados internacionales.

Las empresas deberán hacer un esfuerzo adicional para reducir su deuda y acelerar su cobranza, a fin de tener mayor fortaleza para enfrentar este periodo de reducción en los recursos crediticios disponibles. Por otro lado, las distintas autoridades deberían prepararse con esquemas que permitan a las empresas e instituciones financieras, sobre todo las no bancarias, para tener la liquidez necesaria a fin de enfrentar el entorno que se avecina. Por ejemplo, hacer la devolución de impuestos más expedita y reducir el plazo para el pago de sus proveedores.

Ante un entorno externo complicado en el presente año, el consumo y la inversión privada serán determinantes para mantener el crecimiento económico de nuestra economía, así como la generación de empleo.

Correo: benito.solis@solidea.com.mx

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