Opinión

¿Qué pasa en la economía después de las elecciones?

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DF

La atención pública en los meses pasados se había centrado en las elecciones del 7 de junio, en quienes serían los triunfadores y los derrotados. Los analistas políticos y encuestadoras demostraron su conocimiento de los diferentes escenarios.

Pero hubo poca atención a lo que sucedería con la economía una vez terminado el ciclo electoral. La “fiesta cívica” ya terminó y con algunas aisladas sorpresas, sus resultados han sido dentro de lo esperado, con un Congreso dentro de lo previsto, pero con personajes diferentes.

En los estados y en los municipios en donde hubo cambio en el poder Ejecutivo, las empresas y los ciudadanos tendrán que operar con nuevos funcionarios, que en varias ocasiones no tendrán la experiencia suficiente para desempeñar de manera correcta el puesto que ocupan, por lo cual diversos proyectos se verán retrasados e incluso cancelados. Es posible que las empresas tengan dificultades para el cobro de adeudos de gastos e inversiones de las administraciones salientes, lo que afectará la actividad económica en diversas partes del país.

Aunque sólo en los casos más relevantes los problemas causados por las nuevas administraciones municipales y estatales aparecerán en los medios de comunicación, en la práctica en todo el país habrá un proceso de adaptación de los nuevos gobernantes con la población y viceversa. Este ajuste pospondrá durante un tiempo, o incluso detendrá de manera permanente, las inversiones en cada localidad. Depende de cada gobierno local y municipal el realizar este proceso de transición lo más rápido y terso, para no afectar el desarrollo del país.

Asimismo, la economía deberá de acostumbrarse a la reducción del mayor gasto público que las elecciones crean aquí como en todo el mundo. Diversos gobiernos locales han gastado más de lo que podían y debían en los meses pasados y tendrán problemas para poder cumplir con sus deudas. Esto ocasionará una fuerte presión para poder obtener los recursos necesarios en el presupuesto del próximo ejercicio, lo que será la primera prueba de los nuevos legisladores en la Cámara de Diputados. Numerosos diputados basaron sus pasadas campañas electorales en promesas de más gasto público y ahora verán que es más fácil prometer que cumplir, ya que ante la reducción en sus ingresos, la administración federal buscará no sólo no incrementar el gasto sino reducirlo.

La situación anterior se complicará debido al difícil entorno internacional. Por ejemplo, nuestra economía está muy interrelacionada con la norteamericana, sobre todo por la parte de la producción industrial de aquel país y se está dando a conocer que la misma tuvo una contracción de 0.2 por ciento en mayo, lo que se agrega a los números negativos que tiene desde el inicio del presente año.

Por su parte, se tiene una desaceleración en la mayoría de las economías desarrolladas en el mundo, por lo cual tanto el Fondo Monetario Internacional como la OCDE redujeron sus pronósticos de crecimiento para 2015. Además, el riesgo de que Grecia salga de la Unión Monetaria Europea ante su incapacidad para cumplir con el servicio de su deuda causa volatilidad en los distintos mercados financieros, de lo cual no somos ajenos como lo confirma el deterioro del peso mexicano en los pasados meses.

Además, el aumento en las tasas internacionales de interés dejó de ser un riesgo para empezar a ocurrir, como lo confirma el comportamiento de la mayoría de los instrumentos de largo plazo, incluidos los de deuda soberana.

A pesar del difícil entorno internacional, México se compara de manera favorable con la mayoría de las economías subdesarrolladas. En la medida en que colaboren el nuevo Congreso, el gobierno federal y los estatales para legislar atinadas medidas económicas, de fortalecimiento del Estado de derecho y de reducción de la corrupción, se podría lograr el desarrollo nacional que tanto se ha buscado.

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