Opinión

¿Qué pasa con la economía?

 
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Luis Videgaray Caso. (Arturo Monroy/Archivo)

En lo que va de 2015, la economía mexicana está resintiendo los efectos tanto de la indisciplina fiscal, como de la mala suerte. Las cifras que se han adelantado sobre la actividad económica en los tres primeros meses del año permiten inferir que el crecimiento en dicho periodo será pobre, afectando así la perspectiva para lo que resta de 2015. Estimamos que el crecimiento económico durante este año apenas logre superar 2.0 por ciento, para ubicarse en 2.3 por ciento.

Si bien la semana pasada el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) dio a conocer que en enero la economía había crecido 2.0 por ciento, una cifra modesta con respecto al 3.7 por ciento que espera la Secretaría de Hacienda para el conjunto del año, las cifras de la balanza comercial de febrero permiten anticipar una situación preocupante para el mes de febrero.

Así por ejemplo, las exportaciones, la variable que se supone iba a ser el motor del crecimiento económico mexicano durante este año, cayeron 2.6 por ciento en términos anuales. Si bien esto obedece en buena medida a la caída de las exportaciones petroleras, preocupa que las exportaciones no petroleras hayan aumentado tan sólo 4.0 por ciento, cuando en el conjunto de 2014 lo hicieron en 14.3 por ciento.

Pero no sólo la demanda externa observa comportamientos preocupantes, también la demanda interna. En tal sentido, las cifras del crecimiento de las importaciones por productos permiten inferir o aproximar el comportamiento de las principales variables del mercado interno. Así, el consumo de bienes importados cayó 5.9 por ciento, mientras que el de consumo importado no petrolero creció 2.3 por ciento, muy por debajo del 8.6 por ciento registrado en 2014. La compra de insumos necesarios para la producción también cayó (0.4 por ciento), mientras que los insumos no petroleros crecieron 1.6 por ciento, muy por debajo del 13.10 por ciento del año pasado. Finalmente, la inversión en maquinaria y equipo importado también cayó, esta vez 3.1 por ciento, cuando en 2014 creció 1.6 por ciento.

Vale decir que al parecer el consumo y la inversión cayeron en febrero, en línea con una posible desaceleración de la producción manufacturera.

¿Por qué el mal desempeño de las exportaciones en lo que va del año? Por la baja actividad económica en Estados Unidos, misma que se vio a afectada por la mala suerte relacionado con factores climáticos y en alguna medida por la fortaleza del dólar. El primero, un factor circunstancial, mientras el segundo asociado con la combinación de políticas monetarias en el mundo.

Hay dos factores adicionales relacionados con la mala suerte y que están afectando la producción nacional. El primero, la caída del precio internacional del petróleo que ha llevado a efectuar recortes al gasto público, que en buena medida afecta la capacidad futura de producción de petróleo y lleva a la caída de la producción de petróleo, aparte de la tendencia decreciente que ha venido observando en los últimos años. La caída en la producción de petróleo afecta contablemente la producción de la minería, y a partir de allí se dan efectos multiplicadores negativos sobre los que abastecen de insumos a Pemex.

El segundo, está relacionado con la caída en el precio internacional del acero, debido a la sobreproducción de China. En tal sentido, se puede afirmar que con el acero está sucediendo algo parecido que con el petróleo. Las empresas chinas, al parecer, quieren depurar el mercado y para ello están aumentando la producción generando una sobreoferta que repercute en la caída de precios. Las empresas del resto del mundo tendrán que aumentar su eficiencia si es que quieren seguir en el mercado, pues de lo contrario tendrán que entrar en paros técnicos, tal como lo hizo Arcelor Mittal la semana pasada con su planta de Lázaro Cárdenas, Michoacán.

Al igual que en el caso del petróleo, la caída de la producción de hacer afecta primero la contabilidad de la producción y posteriormente el efecto se multiplica a través de la caída en la demanda de bienes y servicios necesarios para producir acero.

Finalmente, no se puede dejar de mencionar la indisciplina en el manejo del presupuesto público que a la larga ha llevado a las autoridades de la Secretaría de Hacienda a efectuar recortes del gasto público, lo cual de una u otra forma afecta la dinámica económica y amenaza con hacerlo aún más el próximo años cuando se haga un recorte mayor y ha transformado la política fiscal en pro cíclica.

Si uno se fija en el comportamiento del balance público primario, el balance entre ingreso y gasto sin contabilizar los servicios financieros de la deuda pública, se dará cuenta que hasta antes de la crisis (2008-2009) el gobierno exhibía permanentemente superávit primarios de alrededor de 2.0 por ciento del PIB. Con la crisis se decidió eliminar el superávit aumentando el gasto con el objeto de evitar una mayor caída económica. Sin embargo, a partir de 2010, cuando la economía empezó a mejorar, en lugar de regresar a generar superávit primarios el gobierno mantuvo el déficit , transformando la política fiscal en contracíclica a procíclica. Vale decir que mientras crecía la economía aumentaba el gasto público y ahora que está desacelerándose baja el gasto público. Lo peor sucedió en 2014, pues el déficit primario pasó de 0.4 por ciento en 2013 a 1.2 por ciento. 

Lo aberrante es que México, siendo un país petrolero, que goza de una renta petrolera, exhiba déficit fiscales, y lo peor es que además exhiba déficit primarios. Esto, lo único que muestra es que México se está endeudando para pagar los intereses de la deuda pública. Dado que esto es insostenible, sobre todo en circunstancias de que van a aumentar las tasas de interés en Estados Unidos y en México, se hace necesario recortar drásticamente el gasto público. El costo que habrá que pagar es reducir el ritmo de crecimiento económico.

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