Opinión

¿Qué pasa con el maíz?


 
De acuerdo con estimaciones de la Secretaría de Agricultura, la producción de maíz blanco en el año agrícola 2013, que incluye la del ciclo otoño-invierno 2012/2013 ya terminado y la del primavera-verano cuya cosecha está en proceso, alcanzará 23 millones de toneladas, volumen 10 por ciento superior al del año anterior y una de las más elevadas de la última década. Con ello, la disponibilidad total en el año calendario –de enero a diciembre, que no es igual al agrícola– sería de 19.3 millones de toneladas, lo que permitirá cubrir los requerimientos del consumo humano por 12 millones de toneladas y destinar más de 7 millones a consumo pecuario e industrial. Sin duda, un buen año para el campo en términos de volumen.
 
No obstante esa elevada producción, en 2013 se importarán casi 500 mil toneladas de maíz blanco y, dado que el país es deficitario, más de 5 millones toneladas de amarillo que se destina a alimento animal, cifras muy inferiores a las importaciones promedio de los últimos años (1.2 y 8.2 millones de toneladas, respectivamente). La cosecha nacional se da en un contexto de elevada producción a nivel mundial, sobre todo en Estados Unidos y Sudamérica, con lo que los precios internacionales se han reducido significativamente: 44 por ciento el del maíz blanco y 33 por ciento el amarillo a tasa anual. En el mercado nacional, los precios al productor del maíz blanco se han reducido de 4 mil 750 pesos por tonelada en septiembre de 2012 a 3 mil 600 a fines de este año y al mayoreo (en las centrales de abasto) de 5 mil 900 pesos a 5 mil 500 en ese periodo.
 
Así, este año será de elevada producción nacional y precios “bajos”, pero con presencia de importaciones, aun de maíz blanco. Dos factores explican las compras al exterior. Por una parte, se requieren para cubrir faltantes coyunturales debido a la estacionalidad de la cosecha nacional, ante un consumo relativamente estable durante el año; por otra, en 2008 la Secretaría de Economía emitió un acuerdo que redujo a cero el arancel para importaciones provenientes de países con los que México no tiene acuerdos de libre comercio, que se sumó a la eliminación del impuesto a las importaciones de maíz de Estados Unidos y Canadá, según lo convenido en el Tratado de Libre Comercio de América del Norte. En 2013, una cuarta parte de las importaciones de maíz blanco provino de Estados Unidos y el resto de Sudáfrica.
 
Aunque las importaciones de maíz blanco son marginales en comparación con la producción nacional, esa política comercial ha permitido que las empresas comercializadoras o las que lo procesan para producir harina y/o tortilla las utilicen como un instrumento para mantener bajos los precios del grano en el mercado nacional y para obtener mejores condiciones de comercialización, incluyendo apoyos del gobierno. No sólo es que importen maíz barato, sino que la simple amenaza en un mercado abierto propicia que los precios nacionales tiendan a la baja en detrimento de los productores.
 
El argumento para esa política comercial ha sido proteger a los consumidores. Sin embargo, el precio de la tortilla se ha mantenido constante y el de la harina de maíz se ha incrementado 12 por ciento con respecto al año anterior. Lo anterior se explica por el poder monopólico de las empresas productoras de harina y de tortilla, así como por un deficiente diseño de la política comercial. Aunque recientemente se anunció que se derogaría el acuerdo que exenta de arancel a las importaciones de maíz blanco provenientes de países sin tratados de libre comercio, por sí sola esa medida no resolverá el problema de fondo: un mercado con varios miles de productores y muy pocos poderosos compradores.
 
 
Así como empiezan a atenderse las imperfecciones de diversos mercados (i.e. telecomunicaciones), es momento para que la Secretaría de Economía y la Comisión Federal de Competencia utilicen los instrumentos disponibles para corregir dichas imperfecciones en los mercados agrícolas. El rediseño de la política comercial es importante, pero también el de la competencia económica.
 
 
Twitter: @ruizfunes