Opinión

Que no, que sí a la evaluación docente: ¿jugada magistral?

 
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Huelga de ferrocarrileros en Francia

Si no fuera porque lo vivimos todos, sería difícil de creer. El viernes 29 de mayo, la Coordinación Nacional del Servicio Profesional Docente de la SEP anuncia la suspensión indefinida de las fechas publicadas para la evaluación docente. Diez días después, y uno luego de las elecciones, el titular de la SEP informa que se mantendrá la evaluación docente “como una herramienta fundamental de la reforma educativa”, y que los procesos de evaluación previstos para los próximos meses habrán de realizarse en las fechas publicadas.

En su conferencia de prensa del 8 de junio, el secretario Chuayffet señaló que las razones por las cuales se había suspendido la aplicación del calendario de evaluaciones docentes habían sido dos de carácter técnico (falta de lugares, y de computadoras y conectividad) y una de índole política (la exigencia de “mantener una extrema prudencia para no vulnerar el desarrollo de un proceso electoral trascendente para el país”).

El aspecto que más me llamó la atención de su discurso, sin embargo, tiene que ver con el reconocimiento que le hace a la sociedad mexicana por su apoyo a la reforma educativa. Lo cito:

“Por último, déjenme compartir con ustedes una reflexión consistente en el generalizado y contundente apoyo de todos los miembros de la sociedad mexicana en defensa de la reforma educativa.

“Es una reforma estructural esencial que ha recibido un inmenso apoyo y una expresión de reconocimiento a su importancia y trascendencia para la sociedad mexicana. Como ha quedado de manifiesto en los últimos días, la reforma educativa es primordial, toca a todos mantener vivo ese espíritu de transformación y cambio, para continuar el desarrollo de las etapas futuras de renovación y mejora del sistema educativo nacional”.

Me llama la atención esta parte del discurso, pues considero que en ella está la clave para descifrar lo que pudiera, a primera vista, resultar incomprensible. Veamos.

El tono celebratorio con el que se refiere el titular de la SEP al apoyo de “todos los miembros de la sociedad mexicana en defensa de la reforma educativa” es claro. Es claro también que el uso del término defensa dice, implícitamente, que esa reforma enfrenta amenazas, pues sólo así se justifica el empleo de esa palabra.

Algunos piensan o podrán pensar que la decisión de mantener las fechas previstas para la evaluación docente es el resultado de la indignación y la presión social desatada por el anuncio de su suspensión el 29 de mayo. Pero hay otra interpretación, quizá más consistente con la temporalidad de los dos anuncios, así como con el contenido –en especial, el citado arriba– y el tono del discurso del secretario Chuayffet el lunes 8 de junio.

Esa otra interpretación es que la indignación y presión social detonadas por el anuncio de la suspensión más que la causa de la decisión de mantener la evaluación, haya sido el resultado deseado y calculado de tal decisión. Dicho más claramente y como señaló en su espléndido análisis de la suspensión Alberto Arnaut, no puede descartase que tal suspensión haya tenido como una de sus finalidades centrales, justa y precisamente (cito a Arnaut): “desatar a la jauría en contra de la CNTE para debilitarla en el ámbito educativo y en el ámbito político-electoral”.

Sin negar que haya habido otras motivaciones para la decisión de suspender las evaluaciones docentes previstas –entre otras, la de desactivar procesos violentos y el boicot del proceso electoral por parte de la CNTE en Oaxaca–, la interpretación de la indignación como efecto deseado y calculado esa decisión, pareciera la más plausible.

De ser, en efecto, el caso, habría que reconocer que la medida fue muy hábil. Básicamente, pues deliberadamente buscó (y consiguió) desatar una avalancha de apoyos –acotados en número, pero muy vocales y estratégicos– a favor de la reforma educativa, misma que permitiría empezar a equilibrar un campo de fuerzas –hasta ahora, fuertemente dominada por los opositores más recalcitrantes de la reforma– y con ello ampliar los márgenes de acción del gobierno.

Sea como fuere, es bueno saber que la reforma educativa sigue en marcha y fundamental preguntarse qué hará el gobierno con esa energía social favorable. ¿La utilizará sólo coyunturalmente? ¿La empleará para acotar de forma más permanente el chantaje infinito de los opositores del cambio? ¿La usará, con inteligencia, para darle brújula y contenido educativo a la reforma del mismo nombre?

Twitter: @BlancaHerediaR

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