Opinión

Que no pase en México
lo que pasa en Grecia

 
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Pese a un año turbulento, como inversión Grecia ha sido exitosa. (Bloomberg)

En julio de 2011 publiqué una entrada a mi blog, “Lecciones griegas”, en donde describí la terrible situación de ese país y enfaticé que la disciplina financiera es importante en todos los ámbitos, especialmente en el espacio público, señalando los peligros de un gasto gubernamental excesivo.

Cuatro años después, vemos que la lección no se aprendió. La situación en Grecia lejos de mejorar empeoró y los llevó a firmar un tercer rescate financiero, en condiciones mucho más duras. Paradójicamente, el pasado 20 de septiembre Grecia celebró elecciones parlamentarias que, por increíble que parezca, tuvieron como resultado la reelección de la izquierda radical, encabezada por Alexis Tsipras. Este resultado electoral nos demuestra que el problema en Grecia va mucho más allá de un déficit fiscal. Hoy, el país de Aristóteles y Platón se encuentra a la deriva y no encuentra su camino hacia la modernidad.

La raíz del problema griego se ubica en la mentalidad de una nación envejecida que es incapaz de aceptar la urgente necesidad de realizar reformas profundas que la hagan más competitiva. En Grecia, hoy encontramos una creciente preferencia a favor del proteccionismo, el endeudamiento y la sobreregulación. Allí se tolera la corrupción mientras se ve con desconfianza cualquier medida que promueva la competencia, la innovación y la productividad.

En su reciente artículo “Los cimientos de la fallida economía griega”, el destacado economista Edmund S. Phelps analiza con bastante claridad la situación griega. En resumen, Phelps refuta a otros economistas, como Paul Krugman o Joseph Stiglitz, que culpan a la austeridad fiscal de los niveles crecientes de desempleo. Desde su punto de vista, el verdadero problema es que la política griega está plagada de clientelismo y corrupción.

Para Phelps, “dos fuentes importantes de prosperidad han sido bloqueadas por el sistema griego. Una es una abundancia de empresarios enfocados en detectar y explorar nuevas oportunidades de negocio. Sin estos empresarios, Grecia realiza una labor deficiente para ajustarse a un mundo cambiante (…). La segunda fuente de prosperidad ausente en Grecia es un cúmulo de gente de empresa enfocada en la creación de nuevos productos y procesos cada vez más eficientes”.

Phelps considera que la solución al problema griego va mucho más allá de una quita a su deuda o un ajuste fiscal. Si los jóvenes griegos quieren tener un futuro en su país, necesitan romper con actitudes e instituciones propias de una economía premoderna.

Dos Méxicos
Nosotros debemos aprender de esta experiencia. Coincidentemente, en su edición del 19 de septiembre, el artículo de portada del semanario The Economist mencionó la existencia de “dos Méxicos” distintos y las lecciones que esto representa para el desarrollo de las naciones. Por una parte, en nuestro país tenemos empresas globalizadas, modernas y ultra competitivas que siguen estándares mundiales de calidad y eficiencia. También contamos con gente joven, preparada, productiva y muy trabajadora. En palabras de este semanario, “México cuenta con la base industrial más amplia y sofisticada de América Latina”.

Desafortunadamente también nos acosa el clientelismo, la corrupción, severos huecos en el imperio de la ley y ciertas tendencias populistas. En este entorno, el Banco Interamericano de Desarrollo recientemente consideró “alarmantes” los niveles de pobreza que aún existen en nuestro país.

Hoy debemos mantenernos muy alertas para evitar seguir la trayectoria griega. En México, en los últimos años se han prendido varios focos rojos importantes: (1) desde 2014, la carga fiscal se ha incrementado considerablemente, lo que afectó de manera sensible la confianza del consumidor y del productor, con lo que la inversión fija bruta se ha estancado, sin mencionar el empobrecimiento generalizado que causan mayores impuestos; (2) la carga regulatoria también se incrementa todos los años, con lo que se desincentiva la creación de empresas y por consiguiente el empleo, y (3) la deuda pública federal como porcentaje del Producto Interno Bruto se duplicó en los últimos años, de acuerdo con datos de la misma Secretaría de Hacienda (como podemos ver en la gráfica). Todas estas son muy malas noticias para México y el endeudamiento público es siempre una falsa solución que afecta a las generaciones futuras y es especialmente dañino.

Es fundamental que en nuestro país ignoremos las falsas promesas del populismo, avancemos en el combate a la corrupción y nos mantengamos alejados de políticas públicas que han llevado a países como Grecia, Venezuela, Argentina y más recientemente Brasil, a la ruina.

También es muy importante que logremos una reforma fiscal que realmente promueva el empleo y la inversión. Hoy encontramos en el mundo, y en nuestro mismo México, lecciones económicas y políticas muy duras pero fundamentales, que nunca debemos olvidar para que no pase aquí lo que pasa en Grecia.

Twitter: @RicardoBSalinas

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