Opinión

Que no ganen
los Masiosare

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Portada del informe del GIEI sobre Ayotzinapa. (Especial)

Horas antes de que fuera dado a conocer el informe del Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI), hubo quien les advirtió de la metralla mediática que, previsiblemente, recibiría el perito que pone en duda la versión de que los muchachos de Ayotzinapa fueron incinerados en el basurero de Cocula.

Serenamente, uno de los integrantes del GIEI explicó que por la trayectoria de su autor, cuyo nombre en esos momentos no era público, el peritaje que desmontaba el núcleo de la verdad oficial de la PGR estaría a salvo de cuestionamientos.

Lo que los integrantes del GIEI no podían calcular antes de desvelar sus hallazgos era el tamaño de la vena Masiosare que de vez en vez insufla, entre otras cosas, patrioterismo a algunos mexicanos.

Sin exageración alguna se puede apuntar que en el tema de la tragedia de Ayotzinapa estamos a punto de protagonizar otro ridículo mayúsculo, e internacional: estamos a punto de linchar a los mensajeros.

El quid no es si el GIEI se equivocó al tomar el trabajo del perito José Torero como palabra de dios. El desafortunado fraseo de los expertos, que al presentar su reporte señalaron que tenían la convicción de que los muchachos no pudieron haber sido incinerados en el basurero, no hace mella en ninguna de las otras importantes aportaciones de la investigación de los expertos. E incluso, no cancela la posibilidad de que, en efecto, allí no haya ocurrido la pira mencionada por la PGR.

El quid es que el trabajo del GIEI ha traído saldos positivos, el más destacable de ellos es que desde hace semanas ha sido plenamente retomada, y reinsertada en la agenda pública, la investigación de la Procuraduría General de la República.

Y esto último es lo que se niegan a reconocer las voces que se han dedicado a desprestigiar a los expertos del GIEI, y a algunos de sus hallazgos (escribí desprestigiar, criticar no sólo es válido, es indispensable).

Tratar de explicar la presencia aquí de esa misión de la CIDH como parte de una confabulación de quién sabe quién (es tan deschavetada la teoría de la conspiración que pone al GIEI como supuesto ariete para una vendetta personal que no vale la pena reproducir sus detalles) nos distrae de lo fundamental: es tiempo de relanzar la investigación y la búsqueda de los 43 de Ayotzinapa, es tiempo de hacer justicia a ellos y a los seis asesinados de la noche de Iguala.

Lo que toca es discutir con el GIEI cuánto tiempo más necesitan para redondear temas pendientes, qué otras facilidades requieren para subsanar asuntos faltantes (más que nunca es indispensable que se les dé acceso al Batallón 27 del Ejército) y definir el plazo para el cierre de sus actividades.

Porque también se equivocan quienes piden que el GIEI se quede de manera indefinida. No. La aportación de los expertos es grande, pero la tarea pendiente le toca a las instituciones mexicanas.

Que se vayan con el reconocimiento de que nos ayudaron a dar un gran paso, y que digan a cuanta gente les pregunte: allá en México te dan plenas facilidades para investigar, son atentos con tus hallazgos y puntuales en los cuestionamientos, pero al final, con un apretón de manos y una promesa de cumplir su parte, te agradecen la labor realizada. Son gente seria los mexicanos, podrían decir.

Caso contrario podrían decir: no son serios los mexicanos, si no les gusta lo que les dices te agarran a periodicazos e inventan confabulaciones.

La bronca restante por Ayotzinapa deber ser entre nosotros, no contra ellos.

Twitter: @SalCamarena

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