Opinión

Que nadie se asuste, es por nuestro bien

 
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gasolina

El pasado martes, la Secretaría de Hacienda dio a conocer su comunicado 193; ahí nos enteramos de “la metodología para la determinación de precios máximos de gasolinas y diésel así como precios máximos vigentes en enero de 2017”.

De entrada, quienes redactaron el texto, sienten aversión por la gramática, la sintaxis y de manera inocultable, por la claridad. Después de re leer esas líneas, va apareciendo la intención real de esa dependencia: los combustibles aumentarán y lo harán en porcentajes importantes. Para ello se tomarán en cuenta los cambios en los precios internacionales de los combustibles, el costo de transportarlos y la equivalencia del dólar. Se espera con ello que “haya un divorcio entre la gasolina y los ingresos fiscales”, dice el director de Pemex aunque bien pudiera haber dicho, los combustibles van a costar más para emparejar nuestras deficiencias que vienen desde años atrás. Muy concretamente cuando se adoptó la política de no invertir en la refinación del petróleo iniciada en el gobierno de Carlos Salinas de Gortari para con ello cometer un monstruoso error. Nunca se pensó en que conjuntaran dos elementos que hoy nos atenazan: la gasolina que consumimos llega a importarse hasta en 53% y el peso se devalúa constantemente.

López Portillo aspiraba a que fuéramos autosuficientes en energéticos y en alimentos; en la actualidad hemos avanzado mucho en lo segundo al punto que somos importantes exportadores de no pocos productos pero, en lo que parecía que estábamos sobrados, en petróleo (Díaz Serrano dixit) ahora somos deficitarios, tanto que se reúnen elementos antes impensables: desabasto de gasolina en al menos cinco estados: San Luis Potosí, Zacatecas, Jalisco, Guanajuato y Michoacán y junto con ello, una baja sostenida en la producción nacional desde los 2 millones 754 mil barriles diarios en 2006 a los 2 millones 70 mil barriles diarios ahora en 2016 (25% menos). A esto hay que evaluar que las importaciones de gasolina han aumentado en casi 300% al pasar de 198 mil barriles diarios en 2004 a 817 mil barriles diarios en la actualidad.

Nuestras seis refinerías tienen años con inversiones modestísimas ya que se esgrimió la idea que era más barato comprar al extranjero que producir aquí en el país. Esa forma de ver las cosas hoy se suma a la complejidad del asunto. En suma, dentro de unos días, tendremos un tsunami: habrá 83 regiones en el interior del país y siete en la frontera norte. El listado de los municipios, a partir de marzo estará en la página de la Comisión de Regulación Energética y a usted le tocará buscar donde está el expendio más barato. Por lo pronto, durante enero y febrero habrá precios genéricos con aumentos importantes que irán del 14.2% al 16.5% y al 20.1%.

Pero usted no se asuste, dice José Antonio Meade, secretario de Hacienda: “habrá veces que suba la gasolina (como ahora) y otras en que baje” (¿cuándo y cuánto?) La ventaja, dice el señor Meade, es que pronto habrá competencia y eso beneficiará a todos. ¿Está claro?

Imaginemos que será como buscar la más barata de las panaderías o las ofertas de las tiendas departamentales.

La propaganda gubernamental, durante meses, nos repitió hasta el morrillo que la reforma energética, firmada por los partidos PAN, PRI, PRD, Panal y Verde nos llevaría a la prosperidad comenzando por no permitir aumentos a los combustibles. Por estimular a talleres, fábricas, comercio y acrecentar el turismo nacional que se trasladaría en forma barata y eficiente.

¿Cómo explicarán la decisión del comunicado 193 de Hacienda?

Explicar a los más necesitados que esos aumentos son por su bien y luego lanzarlos a buscar donde se expende el diésel más barato para abastecer sus taxis, camiones y tractores para ponernos al día y con ello igualarnos con los precios internacionales; ¿Cómo explicarlo y convencerlos?

Un ejemplo, uno solo, con el equivalente al salario mínimo, en Estados Unidos se pueden comprar 47 litros de combustible; aquí sólo cuatro.

No, no nos asustemos, la inflación subirá y con ello, todos los productos y servicios; los salarios, quedarán iguales. Salvo los de los diputados y todas sus incontables prerrogativas.

La carga que esto tiene para el gobierno federal en las próximas elecciones será enorme; ¿lo pensaron?

Twitter:@RaulCremoux

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