Opinión

Que nada te distraiga de la fiesta de la vida


 
 
Que no te confundan unos pocos homicidas y suicidas; el bien es mayoría pero no se nota porque es silencioso.
Facundo Cabral
 
 
Era la madrugada del 9 de julio de 2011 en la ciudad de Guatemala. Pocos vehículos circulaban por el Boulevard Liberación. Flotaba en el aire la tranquilidad del alba, que se desperezaba con la frescura que sólo habita las primeras horas del día.
 
Minutos antes, a las puertas del hotel Gran Tikal Futura, Henry Fariña había insistido en llevar en su vehículo a Facundo Cabral al aeropuerto. El cantor había aceptado finalmente.
(“Cantante es el que tiene con qué; cantor, el que tiene un para qué”, me dijo Facundo Cabral en 1987, en una entrevista en un restaurante de la Zona Rosa.)
 
La tranquilidad del amanecer fue rota por más de veinte disparos. Facundo murió instantáneamente, se dice. Se trataba de disparos ajenos, disputas y venganzas de otros. Una ejecución equivocada.
 
Los emboscadores no sabían que en el auto viajaba también el cantor argentino, ni siquiera sabían de él, un sembrador de paz.
 
Llevaban órdenes. Perseguir, rodear, disparar. La muerte como encargo. Pero fallaron el intento; el error arrebató la vida a quien la celebraba en cada verso.
 
 
Facundo había construido senderos y sueños, rápido el pensamiento y pronta la palabra. Habitante y ciudadano del mundo.
 
No hagas nada por obligación ni por compromiso sino por amor.
 
 
Es más fácil destruir que construir. Pequeños sicarios asesinaron al gran hombre. Seres sin ruta, la mirada puesta sólo en el instante que transcurre, mentes sin luz, apagaron la hoguera, en torno de la cual miles nos sentábamos para escuchar.
 
 
Dios te puso un ser humano a cargo, y eres tú, a ti debes hacerte libre y feliz.
 
Todos podemos destruir un árbol, una flor, una paloma. No sabríamos cómo crear estos regalos. El asesino a sueldo sigue, dispara y huye. Ni siquiera sabe lo que acaba de destruir.
 
La paga se agota pronto. Las manos en sangre.
 
La felicidad no es un derecho sino un deber, porque si no eres feliz estás amargando a todo el barrio.
 
La invitación a la alegría era el centro de la palabra de Facundo. “Piensa cuántas cosas de tu vida cambiarían en un mundo donde todo comience con la poesía.”
 
 
Hay tantas cosas para gozar y nuestro paso por la tierra es tan corto, que sufrir es una pérdida de tiempo.
 
 
Hace 2 años de la muerte de Facundo Cabral. Purgan condena los homicidas, los ruidos de sus armas acallados. Se escucha aún la voz del maestro, que no ceja de celebrar la vida.
 
 
El inocente se divierte fácilmente porque todo le llama la atención, una vaca pastando, el tronco de un viejo árbol, las mariposas negras sobre trigales dorados, el colibrí detenido en el aire, el panadero sacando el pan del horno, las caravanas de las hormigas y las de los beduinos, el sermón del domingo a la mañana y el futbol del domingo a la tarde…
 
 
A pesar de homicidas y destructores, la convocatoria de Facundo Cabral sigue viva y merece ser seguida.
 
 
Que nada te distraiga de la fiesta de la vida.