Opinión

¿Qué hubiera pasado de haber ganado Cuauhtémoc Cárdenas en 1988?

 
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Cuauhtémoc Cárdenas

A partir de las declaraciones del senador Manuel Bartlett la semana pasada, en donde comentó que sí hubo fraude electoral en los comicios de 1988 y sin entrar en la discusión sobre éstas, se me ocurrió hacer un ejercicio hipotético sobre qué le hubiera podido pasar al país si en el sexenio 1988-1994 hubiera gobernado el ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas. Este es un ejercicio mental sobre una realidad paralela y desde la perspectiva de un servidor (con todo lo que ello implica).

El 1 de diciembre de 1988, el expresidente Miguel de la Madrid Hurtado hubiese entregado la banda presidencial al ingeniero Cárdenas en la sede de la Cámara de Diputados, culminando un periodo de casi 60 años del PRI en el poder (11 años menos de lo que realmente sucedió).

El primer cambio que vislumbro respecto a lo que sucedió en la realidad es que no se hubiera creado el Instituto Federal Electoral en 1990, dado que en mi opinión, nació a partir del escepticismo generalizado sobre el resultado electoral observado en 1988.

Sin embargo, es probable que el IFE hubiera nacido un poco después. En mi opinión, considero que por el lugar en el espectro ideológico en donde se ubicaba la filosofía del ingeniero Cárdenas, una gran cantidad de políticas que el expresidente Salinas de Gortari llevó a cabo en su periodo presidencial, no hubieran ocurrido.

Me refiero a la firma del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), a la reforma agraria, al programa de privatización de empresas paraestatales, a la creación del Sistema de Ahorro para el Retiro (SAR), así como el otorgamiento de la autonomía al Banco de México, entre otras.

Para poder continuar con este ejercicio hipotético, voy a hacer tres supuestos importantes sobre las políticas que hubiera instrumentado el ingeniero Cárdenas:

(1) Se hubiera unido al Plan Brady para renegociar la deuda externa de nuestro país; (2) hubiera mantenido las finanzas públicas sanas y de hecho, con tal de no disminuir los programas sociales y transferencias que todavía quedaban, no hubiera disminuido la tasa de IVA de 15 a 10 por ciento, como llevó a cabo la administración del expresidente Salinas; y (3) no hubiese recurrido a financiar deuda pública mediante la impresión indiscriminada de dinero de parte de un Banco de México no autónomo.

A pesar de la corriente ideológica de izquierda del ingeniero Cárdenas, considero que para la época, la estabilidad macroeconómica ya era un tema que debía incorporarse de cualquier manera.

No obstante lo anterior, debido a que México no se hubiera unido a la corriente privatizadora y de apertura comercial y de capitales, como ocurrió en varios países emergentes, México hubiera crecido a tasas mucho menores a las que llegó a observar (probablemente en un tercio), por un lado, y por el otro no hubiera sido destino tan importante de flujos de inversión categorizados como 'golondrinos', por lo que no se hubiera observado una sobrevaluación tan significativa en el tipo de cambio hacia finales del sexenio y, por lo tanto, se hubiera evitado la crisis de 1994-1995.

Asimismo, los bancos, aunque en varios casos no estaban siendo administrados de la mejor manera y la regulación era mucho menos restrictiva con respecto a lo que ocurrió después de la crisis, no hubieran quebrado.

En este sentido, el crecimiento de la cartera de crédito no hubiera sido tan acelerada y por lo mismo no se hubiera observado la elevación tan fuerte en la cartera vencida detonada por la crisis de 1994, por lo que no hubiera habido Fobaproa (al menos en esta ocasión). A su vez, en 1994 probablemente no hubiéramos visto ni la aparición del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), ni los cruentos asesinatos de Luis Donaldo Colosio y de José Francisco Ruiz Massieu.

Continuar especulando qué hubiera pasado me parece ir demasiado lejos, teniendo que hacer supuestos cada vez más cuestionables. No obstante lo anterior, en vista de un modelo económico totalmente agotado —en donde probablemente hubiéramos crecido apenas a tasas de 1.0 o 2.0 por ciento en promedio (cuando el PIB realmente promedió 3.9 por ciento en el sexenio de Salinas y 3.7 por ciento en el del expresidente Zedillo)—, considero que en algún momento
—probablemente en el 2000— hubiera ganado un candidato de derecha (probablemente del PAN y sin haber recurrido a una figura no panista, como el expresidente Fox).

Así, un candidato panista, con probable mayoría en ambas cámaras, hubiera podido llevar a cabo las reformas que instrumentó Salinas y Zedillo (TLCAN, venta de industria paraestatal, SAR con Afore, reforma agraria, autonomía de Banxico, etcétera), así como adelantar algunas que fueron aprobadas hasta la administración del presidente Peña Nieto, en particular la energética y la laboral, lo cual hubiera sido mucho más oportuno en el ciclo energético mundial.

No obstante lo anterior, probablemente en 2008-2009 hubiéramos tenido una crisis bancaria similar a la de Estados Unidos y hubiéramos tenido que restringir la regulación financiera, similar a como está ahora. Asimismo, considero altamente probable que a partir de 2006 el país hubiera tenido que enfrentar la creciente ola de narcotráfico, tal como ocurrió.

En este sentido y con las reformas rezagadas que sí se hubieran podido aprobar con mayor oportunidad, probablemente se hubiera atajado el tema del fortalecimiento del Estado de derecho, desde la administración actual, que considero como la gran tarea pendiente.

El autor es director general adjunto de Análisis Económico y Relación con Inversionistas de Grupo Financiero Banorte y presidente del Comité Nacional del Estudios Económicos del IMEF. Las opiniones que se expresan en esta columna no necesariamente coinciden con las del Grupo Financiero Banorte, ni del IMEF, por lo que son responsabilidad exclusiva del autor.

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