Opinión

¿Qué hacer para evitar repuntes de violencia?

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Policias de Puebla mantienen paro de labores. (Tonatihu Avelino)

Las fuerzas militares y policiales de México aún no acumulan la experiencia, los conocimientos y la capacidad operativa suficientes para impedir el resurgimiento periódico de la violencia. Como lo apunté la semana previa en este espacio, tres eventos fueron cruciales para revertir la tendencia a la baja que registraron los homicidios entre 2012 y 2014: la intervención masiva de las fuerzas federales en Michoacán; los operativos implementados en Guerrero después de la desaparición de los 43 normalistas; y una ofensiva auspiciada por el Cártel Jalisco Nueva Generación (en coalición con otros grupos criminales) en contra del Cártel de Sinaloa.

¿Qué lecciones deben extraer las agencias de seguridad (tanto estatales como federales) del repunte de la violencia registrado el año pasado?

En primer lugar, urge una estrategia nacional para reducir la violencia que sirva de plataforma programática para impulsar un trabajo proactivo –no sólo reactivo– de las fuerzas federales dirigido específicamente a reducir la violencia a lo largo del país. La estrategia nacional deberá contemplar en su fase inicial una serie de operaciones piloto para reducir la violencia en lugares donde se combinen las siguientes dos condiciones: i) que la capacidad institucional instalada y la confianza ciudadana en materia policial sean altas; y ii) que la base social de la delincuencia organizada en el cuadrante o polígono sea baja. De esta manera, la estrategia nacional podría tener algunos logros en el corto plazo (siguientes 24 meses) y, con ello, legitimarse ante la opinión pública y las propias agencias del gobierno federal para continuar trabajando durante la siguiente administración en misiones cada vez más complejas.

En segundo lugar, urge también una estrategia para contener la violencia derivada de capturas o abatimientos, que evite las espirales de violencia que frecuentemente tienen lugar después del descabezamiento de organizaciones criminales. Los recientes golpes de las autoridades a cúpulas de organizaciones criminales que operan en Michoacán y Guerrero han generado olas de violencia en las entidades vecinas. Un par de ejemplos: a) durante el primer trimestre de 2015 células provenientes de Guerrero como Guerreros Unidos, Los Rojos, La Barredora, Cártel de Pacífico Sur y La Familia Michoacana (como H3 La Tercera Hermandad, Los Viagras y La Empresa) ingresaron a Morelos para abrirse espacio e iniciar operaciones en Cuernavaca, Xochitepec, Cuautla, Huitzilac y Yacapixtla, donde aumentó la violencia; b) durante el último trimestre de 2014 células provenientes de Guerrero como Los Rojos y Guerreros Unidos ingresaron a las regiones Mixteca y De la Costa de Oaxaca y elevaron la violencia en municipios como Guadalupe de Ramírez, Santo Domingo Tonalá, Santo Tomás Ocotepec, Mesones Hidalgo, Chalcotongo de Hidalgo, San Pedro Mixtepec, Santiago Pinotepa Nacional, Villa de Tututepec de Melchor Ocampo, Santa María Colotepec y San Andrés Huaxpaltepec.

Impedir esta propagación territorial de la violencia requerirá tanto de una labor de inteligencia (pues es irresponsable realizar un operativo para capturar a un delincuente de alto perfil sin antes valorar las reacciones en el resto de su organización y en los grupos criminales con los que está vinculado) como de un plan operativo de contención. Una vez realizadas las capturas o los abatimientos deberá realizarse un despliegue inmediato de fuerza en puntos vulnerables que hayan sido identificados, tales como accesos carreteros, avenidas principales, sitios de reunión pública, bases de la policía y cuarteles, así como instalaciones estratégicas.

En todo momento, las autoridades deberán tener en mente que en lugar de capturar al mayor número de blancos dentro de una lista, el gobierno debe buscar, con cada operativo de captura, enviar un mensaje claro que desincentive las actividades criminales que generen mayor daño a la sociedad.

En tercer lugar, necesitamos con urgencia un sistema de alertas para prevenir epidemias de violencia. Autoridades de los tres niveles de gobierno deben contar con una metodología que les permita identificar crisis de violencia en un periodo temprano (siguiendo criterios estadísticos similares a los que se utilizan para identificar epidemias sanitarias), lo que les permitiría actuar oportunamente y distribuir los recursos con que cuentan de forma más eficiente. Asimismo, con la creación del sistema de alertas se evitaría que el despliegue de recursos siga una lógica fundamentalmente reactiva (como se ha observado en el periodo 2008-2015). Cuando se detecte una epidemia deberá establecerse un grupo de respuesta inmediata integrado por autoridades municipales, estatales y federales, con la responsabilidad de implementar en los cuadrantes o polígonos afectados operaciones policiales orientadas a controlar la violencia. El repunte reciente de la violencia en varios estados del país (como Baja California, Baja California Sur, Guerrero, Michoacán, Morelos, Puebla, San Luis Potosí, Sinaloa, Tabasco, Colima, Guanajuato y Zacatecas) es preocupante, y debe atenderse con prontitud y oportunidad. De otra manera podrían activarse prolongadas epidemias de violencia que causarían daños mayúsculos y que sería difícil y caro revertir.

Twitter: @laloguerrero

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