Opinión

¿Qué hacer para crecer?

El día de ayer comentaristas, empresarios y académicos participamos en un foro organizado por el CEESP y El Financiero Bloomberg, alrededor de esta pregunta: ¿Qué hacer para crecer? Se plantearon muy diferentes puntos de vista, tanto en la opinión que tenemos de las reformas, como en el ánimo de cada uno. Se revisaron diferentes problemas de la economía, desde la debilidad del sistema financiero hasta la informalidad, pasando por la inversión, el consumo, el riesgo deficitario, etcétera.

Tuve la suerte de iniciar este foro porque había preparado una visión más general que las restantes, que creo que acabó sirviendo como contexto. Lo que hice fue revisar qué países han tenido suficiente crecimiento en la historia, de manera que han logrado pasar al grupo de los desarrollados o ricos. Definí como país rico o desarrollado a aquellos que tienen dos veces o más el PIB promedio mundial. Son sólo 28 países (excluyendo petroleros y muy pequeños), de los 195 que Naciones Unidas reconoce, o los 209 registrados en FIFA, que ahora está de moda. Son los países de Europa Occidental (16 países); los cuatro retoños de occidente: Estados Unidos, Canadá, Australia y Nueva Zelanda; cinco asiáticos: Japón, Corea, Taiwán, Hong Kong y Singapur; Israel, y dos países europeos recientes: Estonia y Eslovenia. Y eso es todo.

Y creo que es importante recordar que sólo estos países son ricos porque sus características son relevantes para entender cómo se logra llegar ahí. México es un país de ingreso medio, y así hemos sido desde hace 100 años. Superar ese nivel implica hacer cosas muy diferentes a las que hemos hecho.

Con base en las historias de estos países ricos, la secuencia para superar el ingreso medio en que estamos parece ser la siguiente: primero, hay que aceptar como legítima la acumulación de riqueza que se obtiene produciendo, y al mismo tiempo criticar como ilegítima la que se obtiene por privilegios; segundo, se requiere un Estado fuerte, limitado por la ley, responsable frente a los ciudadanos; tercero, el proceso de innovación-concentración-competencia que Schumpeter llamaba “destrucción creativa” y que sin duda requiere de la vigilancia del Estado; finalmente, la consolidación de la clase media que le da permanencia a esta dinámica. Las otras cosas que siempre aparecen al hablar de crecimiento (educación, inversión, I&D, etcéter.) ayudan, pero no sustituyen la secuencia mencionada.

Más aún, todas las naciones que intentaron crecer con base en un gobierno “rector” de la economía, o un “Estado empresario”, fracasaron. En ningún caso (tengo la duda de Corea) esto funcionó.

Precisamente por eso, estoy convencido de que las reformas que se hicieron en 2013 son de la mayor importancia, porque parten del reconocimiento del fracaso del siglo XX y nos orientan a esa secuencia indispensable. No puedo decirle que todos los asistentes se convencieron de la propuesta, pero creo que sirvió para empezar a pensar un poco diferente.

Insisto: no hay manera de que un país crezca por encima del ingreso medio si no empezamos por aceptar como legítima la acumulación de riqueza originada en la producción. Es decir, hay que empezar reconociendo que los héroes de los últimos dos siglos han sido los empresarios. Los de verdad. Imagino la dificultad de aceptar esto en un país nacionalista revolucionario, pero ni modo.