Opinión

¿Qué hacer con Pemex?

15 marzo 2013 10:18

 
Este 18 de marzo se cumplen 75 años de la expropiación petrolera y nuevamente salta la interrogante: ¿qué hacer con Pemex?
 
El domingo (17 de marzo) se realizaron los rituales conmemorativos de esta fecha emblemática. Sin embargo, en esta ocasión las cosas podrían ser algo diferentes.
 
Quizás se trate de la última celebración de la decisión de Lázaro Cárdenas antes de que se ponga sobre la mesa la que pretende ser la más importante reforma energética de la era moderna. Y se buscarán en los discursos algunas claves que adelanten la dirección de esa reforma.
 
De acuerdo con el calendario del Pacto por México, en el primer semestre del año habría de proponerse esta reforma, aunque su aprobación se quedaría hasta la segunda mitad.
 
Pero lo más probable es que, incluso, la propuesta se presente hasta la segunda mitad de 2013, pues será necesario que embone con la reforma fiscal.
 
Hace algunos días, el director general de Pemex, Emilio Lozoya, señaló que la solución a los problemas de Pemex estaba muy lejos de ser exclusivamente el cambio en su régimen fiscal para contar con una proporción mayor de los recursos que genera, y tiene toda la razón.
 
Sin embargo, sería impensable una reforma energética sin cambiar también el régimen fiscal de Pemex, por lo que muy probablemente las dos iniciativas, la fiscal y la energética, deberán ir juntas.
 
Pero, ¿cuáles son los cambios centrales que debieran proponerse para el sector petrolero en la reforma que se cocina?
 
Le enlisto los que, a mi juicio, deberían ser los ingredientes básicos:
 
1) Un cambio en la organización y el gobierno de Pemex. La petrolera tiene una organización que no le permite funcionar como empresa estatal, sino que la lleva a operar más bien como dependencia del gobierno central.
Una empresa estatal debe ser, en primer lugar, empresa. La diferencia está en el hecho de que su dueño es el Estado. Pero en muchas otras cosas debería operar como si fuera una empresa privada, que busca hacer uso eficiente de los recursos y que trata de obtener los mejores resultados económicos.
 
2) El Estado debiera definir los lineamientos de la política petrolera y los reguladores, como la Comisión Nacional de Hidrocarburos, debieran estar investidos de mucho mayor poder. Las empresas que operaran en el sector petrolero, estatales o no, deberían estar normadas por una política pública bien definida y dada la peculiaridad del sector que ofrece rentas como ningún otro, debiera tener una regulación fuerte. Hoy a la Comisión Nacional de Hidrocarburos le hacen falta recursos y dientes.
 
3) Se requiere un mayor espacio de competencia en sectores como la distribución, refinación y petroquímica. Si se cuenta con una política definida y una regulación fuerte, bien podrían operar empresas diferentes a Pemex en los sectores enlistados. Habría incentivos para mejorar la actuación de la petrolera estatal y, al mismo tiempo, más inversión en sectores que ofrecen baja rentabilidad respecto a la producción de crudo.
 
4) Pemex debería tener un régimen de asociación mucho más flexible. La paraestatal debería tener capacidad para hacer muchas más cosas, desde colocar una fracción de su capital en los mercados de valores o asociarse con otras empresas en México, hasta ofrecer contratos de riesgo; es decir, en los que la remuneración de los proveedores se asocie al resultado obtenido, por ejemplo en exploración o producción.
 
5) Debe cambiar su régimen fiscal. Tal vez más importante que bajar la carga tributaria a la petrolera (que también se requiere) sea modificar la forma en la que se le cobra, para generar incentivos correctos y propiciar su eficiencia de operación.
 
Veremos si en estos ámbitos la reforma va tan a fondo como lo fue en el tema de las telecomunicaciones.
 
enrique.quintana@elfinanciero.com.mx