Opinión

¿Qué hacer?

 
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Donald Trump (Reuters)

El viernes, como usted sabe, tomó posesión Donald Trump como el presidente 45 de Estados Unidos. Su discurso fue terrible. Primero, regresó a su posición de campaña, como si aún no hubiera ganado la elección y no fuese presidente de todos los estadounidenses. Segundo, reiteró su increíble falta de vocabulario y limitada sintaxis. Tercero, enfatizó su idea de que el mundo entero ha abusado de Estados Unidos, afirmando que “esa masacre termina ahora, esa masacre termina aquí”, porque ahora se trata de America First.

Al momento de escuchar esa frase, no pude sino recordar el terrible Deustchland uber alles de los Nazis, y no sólo por la similitud en la idea, sino porque durante la Segunda Guerra Mundial el grupo que promovía la 'neutralidad' de Estados Unidos se llamaba precisamente así: America First, y no era sino una organización antisemita y fascista, y en realidad apoyaba a Hitler.

Frente a esa posición de Trump, creo, la 'marcha de las mujeres' convocada para el sábado se transformó en una marcha en su contra. En decenas de ciudades marcharon millones de estadounidenses, no sólo exigiendo derechos de las mujeres, como creo que originalmente se había convocado, sino aprovechando para reclamar por todo tipo de temas, desde sociales hasta políticos. No estoy seguro de que haya sido una gran idea.

El discurso de Trump se centró en lo económico: va a lograr que regresen los empleos manufactureros, porque la pobreza y violencia campean en las inner cities (los centros de las viejas ciudades). En realidad, eso no es cierto: las ciudades no están en la catástrofe que él imagina, y tampoco va a lograr que se generen empleos manufactureros. La razón por la cual han dejado de existir los empleos tiene que ver con tecnología y competitividad. Si una empresa decide crear empleos como Trump exige, su viabilidad estará en riesgo. Si además cierra las fronteras, para reducir ese riesgo, entonces Estados Unidos sufrirá problemas inflacionarios, que llevarán a incrementos en tasa de interés y menor crecimiento. Las ideas de Trump son malas, como se ha mostrado en varias ocasiones en América Latina.

Me parece que ambas partes se equivocan. Trump cree que el tema económico es la causa de su triunfo, y se concentra en ello. Sus opositores creen que la causa fue el discurso supremacista, que implica discriminación a todo tipo de grupos, y por eso las exigencias de la marcha. En mi opinión, lo que explica a Trump es la angustia de muchos estadounidenses que ven desaparecer su mundo. Para ellos, el poder se ha concentrado en las ciudades, y entre los jóvenes universitarios, que los menosprecian.

Si es así, entonces tanto Trump como sus opositores sólo lograrán empeorar las cosas. Trump está buscando resolver un problema que no es tan relevante, y para ello pondrá en riesgo el funcionamiento de la economía más grande del mundo. Los opositores, con su marcha, sólo incrementan el miedo de aquellos que votaron por Trump, aunque su intención sea otra.

Recuerde que el populismo tiene su origen en ese miedo, que es aprovechado por políticos sin escrúpulos que dividen al mundo en dos partes: los buenos, que son quienes tienen miedo y genéricamente son llamados 'el pueblo' y los malos, que son una alianza de políticos profesionales, enemigos externos y elementos estereotípicos de los grupos que amenazan al pueblo. En este caso, estos grupos incluyen medios de comunicación, universidades y quienes se dedican a la tecnología. Muchos de los participantes de las marchas, pues.

Abundan quienes creen que se debe enfrentar abiertamente a Trump. No estoy seguro de que sea la mejor estrategia.

Profesor de la Escuela de Gobierno, Tec de Monterrey.

Twitter: @macariomx

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