Opinión

¿Qué hacemos con el rechazo?

      
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Cuando nos sentimos rechazados es importante acercarnos a quienes más nos quieren. (Imagen: WB Television Network)

En una fantasía omnipotente no necesitamos a nadie para sobrevivir y solos saldremos adelante de cualquier situación. Es común pensar así después de un zafarrancho familiar o conyugal que deriva en silencio, rencor y en el deseo de aislarse. También frente a los problemas laborales, como ser excluidos de un proyecto o de unos tragos de viernes – porque somos raros, difíciles o insoportables – nos dicen que dijeron. Alguien que amamos nos deja de querer o nuestras intenciones amorosas se truncan al escuchar la frase temida: “te quiero como amigo”.

El rechazo es inevitable y la preocupación por ser aceptados puede ser muy fuerte y contaminar todo lo que hacemos. Para el cerebro, tener el corazón roto no es muy diferente que tener un brazo roto. Ambos duelen.

Así como necesitamos agua y comida, también relaciones positivas y duraderas y sentido de pertenencia. Un humano en soledad no habría sobrevivido durante 6 millones de años de evolución en la sabana africana. El rechazo del clan tenía consecuencias mortales para aquellos primeros hombres. Necesitar la aceptación de un grupo, no solo es parte del mundo emocional sino también una característica evolutiva que nos hace más aptos para sobrevivir.

El rechazo social produce enojo, ansiedad, depresión, celos y tristeza. Reduce la capacidad de desempeño y concentración en tareas intelectuales difíciles. Puede contribuir a la agresión y al pobre control de impulsos. La gente que se siente excluida sistemáticamente duerme mal y su sistema inmunológico no funciona tan bien como las personas con buenas relaciones sociales.

Todos somos distintos en cuanto al tiempo que sufrimos y las estrategias para recuperarnos del rechazo, que es una herida psicológica que deberíamos atender y curar.

Algunos se castigan pensando que no valen nada y por eso los rechazan. Otros reflexionan para entender qué pudieron haber hecho diferente y hay quienes se defienden del dolor con agresión y buscando venganza.

Siempre es importante evaluar si estamos haciendo algo para provocar rechazo. Revisar la historia personal es útil para tomar perspectiva, porque quienes sufrieron agresiones, abandono e indiferencia en la infancia, son más vulnerables a interpretar cualquier señal como rechazo. A veces cometemos errores graves y tenemos que enfrentar las consecuencias.

En algo que parece una erotización del rechazo, mujeres y hombres lloran, se humillan y ruegan cuando les dicen que no, como síntoma de que una herida temprana debe repararse.

La descripción de rechazo es múltiple: para algunos significa no recibir el amor o la atención exactamente como la concibe su mente, la hipersensibilidad ante la crítica o el error, la traición, la indiferencia, el abandono. Todo depende de la biografía personal.

El daño más grande del rechazo es auto infligido. Si nuestra autoestima está en malas condiciones, somos más vulnerables y nuestros peores críticos. Nos insultamos, lamentamos nuestros defectos y nos odiamos a ratos.

Hay actitudes que ayudan a enfrentar el rechazo, a sanar el dolor emocional y a reconstruir el autoestima: Evitar la crítica autodestructiva, aprender de los errores, entender que no solo se trata de defectos personales y que a veces no hay un buen entendimiento con algunas personas o en ciertas circunstancias. Proteger la valía personal haciendo una lista de nuestras cualidades y reafirmando los rasgos que nos hacen valiosos. Buscar conexiones sociales, porque necesitamos sentirnos queridos y apreciados en los grupos sociales a los que pertenecemos. Acercarse a quien sí nos ama y cuidar todas nuestras relaciones, no solo las amorosas o las laborales.

La teoría siempre es más fácil que la práctica, pero por lo menos podríamos intentar recuperarnos más rápido y evitar la reconstrucción obsesiva del momento del rechazo. Casi en cualquier circunstancia es posible seguir adelante con la certeza de que todo después de un tiempo duele menos y pierde importancia.

Vale Villa es psicoterapeuta sistémica y narrativa. Conferencista en temas de salud mental.

Twitter: @valevillag

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