Opinión

¿Qué está sucediendo con las bolsas americanas?

Las bolsas americanas han estado rompiendo récords de todos los tiempos al cierre de este año. Los principales índices están acumulando varios años de rendimientos por arriba de los pronósticos de la mayoría de los analistas y muy por encima de las tasas de interés. Como excepción, el Índice Nasdaq que representa a las empresas de alta tecnología se ubica a menos de 5 por ciento de su máximo histórico registrado hace 14 años, pero lleva acumulado un rendimiento de 15 por ciento este año.

El S&P 500, que se considera el más representativo del mercado, acumula 13 por ciento de ganancia; el Dow Jones Industrial de 30 Industrias que comprende una selecta muestra de las empresas más grandes lleva 8 por ciento, y el Russel 2000 de empresas medianas y pequeñas (Small Caps) ha ganado 4 por ciento.

A esto habría que agregarle el rally del dólar contra todas las monedas que se ha venido dando desde el pasado mes de junio, cuando el banco central del euro anunció su decisión de crear euros. En términos de pesos, por ejemplo, los rendimientos de estos índices son: el Nasdaq, 29.9 por ciento; el S&P500, el 27.6 por ciento; el Dow, 22.9 por ciento, y el Russel 2000, el 17.8 por ciento.

Hace unos días, el Departamento de Comercio anunció que el PIB de la economía más importante del mundo creció 5 por ciento en el tercer trimestre. Podemos anticiparle que el mercado automotriz estableció un nuevo récord en ventas este año. Las cifras recientes de las ventas detallistas navideñas están superando las expectativas, ya que al bajar los precios de la gasolina se han liberado recursos para un mayor consumo. Las cifras de empleo más recientes superaron también por mucho los pronósticos al crearse más de 300 mil empleos en noviembre.

La caída de los energéticos, el alza de los mercados bursátiles y la recuperación del valor de los bienes inmuebles generan un círculo virtuoso para generar un efecto riqueza que propicia mayor empleo, mayor consumo, un menor déficit comercial y un menor déficit fiscal. El ejercicio fiscal que acaba de terminar en septiembre presentó un déficit de las cuentas públicas de 2.8 por ciento del PIB, mientras que el presidente Bush había terminado su segundo periodo con un déficit superior a 10 por ciento del PIB.

A todo esto le podemos agregar el hecho de que la inflación está bajando, como efecto consecuente de la fortaleza del dólar y la abrupta caída en los precios de las materias primas, en particular del petróleo. La inflación implícita en el gasto de consumo se ubica en 1.3 por ciento anual, todavía muy por debajo de la meta de 2 por ciento que tiene la Reserva Federal.

La ironía a todo esto es que en las pasadas elecciones intermedias el ciudadano norteamericano dejó sin margen de maniobra al presidente Obama al quitarle el control del Senado y fortalecer el control del Tea Party en la Cámara de Representantes.

¿Hasta dónde puede legar esta bonanza? Un crecimiento muy acelerado puede convertirse en un sobrecalentamiento con presiones inflacionarias que tendrían que llevar luego a un freno en la actividad económica, lo que podría ser desastroso para la economía mundial. Hay que recordar que la Reserva Federal ha mantenido su objetivo de la tasa de Fondos Federales, la tasa a un día en dólares, la base de las tasas de interés en todo el mundo, en el nivel más bajo de la historia desde hace 5 años, en el 0.25 por ciento anual.

La tasa a 10 años de los Bonos del Tesoro se ubica en 2.25 por ciento anual, siendo lo normal que esta tasa se ubique por arriba de 5 por ciento. La muy reducida inflación ha diferido las expectativas de la normalización de las tasas.

Una variable clave para este enigma es la capacidad utilizada. El último dato ubica la utilización de la capacidad en 80 por ciento todavía muy lejos de lo que puede considerarse como pleno empleo que es una tasa del 85 por ciento. Pero la velocidad a la que puede estar subiendo la utilización de la capacidad con esta bonanza puede ir despertando los temores de que la Fed inicie su primer movimiento de alza.

Lo dramático del alza es su efecto en la pérdida en el valor de los activos y su obligado contagio en las tasas de interés en todo el mundo, con efectos colaterales sumamente complejos en el costo de financiamiento de las familias, de las empresas y de los gobiernos.

La contraparte de una mayor utilización se da en la inversión de las empresas. Si no ha habido inversión, es precisamente por la capacidad ociosa. Así que acercarse al 85 por ciento de utilización puede llevar años.

Una recomendación para su portafolio: el índice Russel comprende a empresas pequeñas y medianas que dependen más de la actividad económica doméstica que las grandes empresas norteamericanas globales que posiblemente vean afectado su desempeño por la misma debilidad económica en otras regiones, como en Europa, y por el efecto cambiario de la fortaleza del dólar en sus reportes de resultados. Feliz año 2015.