Opinión

¿Qué está pasando, Hillary?

 
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Hillary Clinton (Reuters)

Empezaban las elecciones primarias de 1992 y Bill Clinton no acababa de conectar con el electorado demócrata. James Carville, su principal estratega de campaña, pensaba que ello se debía a que el ex gobernador de Arkansas era muy disperso. Hacía muchas promesas y tocaba muchos temas que no dominaba o que no eran pertinentes a la situación. Carville se cansó de enviarle notas pidiéndole que se enfocara a los asuntos que le generaran rentabilidad política. Así que una tarde, en el war room de Little Rock, después de recibir encuestas con malos números, fue y puso un letrero enfrente de su escritorio.

Ahí le enunciaba los temas en que se debía concentrar: 1. Change vs. more of the same, 2. The economy, stupid, 3. Don’t forget health care.

Bill acabó haciéndole caso, consiguió la candidatura y llegó a la Casa Blanca. A pesar de haberse casado con Mary Matalin (la estratega de su rival George H. W. Bush) Carville lo siguió asesorando y hoy día aconseja a Hillary… hasta donde puede.

Lo interesante es que, dados los problemas que ella está teniendo en su campaña, Carville le podría poner enfrente el mismo letrero de hace 24 años.

El cambio contra más de lo mismo.

Si uno relee los discursos con los que la abogada apoyaba a su marido hace un cuarto de siglo y los compara con los de ahora, va a encontrar temas coincidentes y argumentos similares. Por ejemplo, ya entonces ella luchaba por la igualdad en los sueldos de hombres y mujeres. Muy bien, porque se ha avanzado pero sigue habiendo disparidad. Pero muy mal porque no es eso lo que actualmente preocupa al electorado.

El principal tema en esta campaña es la decepción de los ciudadanos con los políticos, de todos los colores, porque no han metido en cintura a los banqueros y financieros que causaron la crisis de 2008. Lo prometió Obama en 2008 y 2012 y no lo hizo. Las maniobras fraudulentas y el escandaloso enriquecimiento han continuado.

Lo que la gente ve es que esos mismos villanos son los que hacen enormes contribuciones a las campañas de los candidatos presidenciales, sobre todo a los que tienen más probabilidad de ganar, como Hillary. No es extraño por ello que se le tilde de “la candidata de Wall Street”.

Por eso los votantes demócratas voltearon a ver a Bernie Sanders. Es el único que plantea una reforma creíble para evitar que sea el dinero y no los votos lo que decida quien gobierna.

La economía, estúpido

Desde su campaña de 2008 Hillary ha insistido en que una de sus fortalezas es la experiencia. Y sin duda la ha tenido, como una activa Primera Dama impulsando reformas en Arkansas y en Washington, como senadora llevando iniciativas progresistas al Capitolio, y como Secretaria de Estado, recorriendo el mundo para arreglar conflictos y llevar ayuda humanitaria.

Sólo que eso no le dice nada a quienes han visto reducirse su nivel de vida o han perdido sus empleos debido a los vertiginosos cambios tecnológicos o los trepidantes efectos del libre comercio y la globalización.

Las soluciones que ha planteado no se miran suficientes ni son muy diferentes a las de otros candidatos.

No olvidar la reforma de la salud

Allá en 1992 Bob Kerry acusó a su contrincante William Clinton de no tener un plan para reformar el seguro médico. Carville reconoció que era cierto y se lo platicó a Hillary. Ella buscaba un tema social para tener su propia identidad en la Casa Blanca, así que se puso a trabajar.

Cinco días después de su toma de posesión Bill la puso al frente de un comité para presentar un proyecto en cien días. La propuesta era demasiado ambiciosa y compleja. Fracasó a pesar del intenso cabildeo de Hillary.

Obama tuvo más tino y mejor suerte y logró la aprobación del Obamacare. Pero las grandes aseguradoras se movieron en el Congreso y lograron bloquear muchas de sus ventajas. La consecuencia es que siguen quedando afuera los más débiles.

Como Hillary no ha querido tocar el tema, porque no quiere enemistarse con Obama, los electores voltearon a ver a Sanders, que si hace propuestas y muestra preocupación.

Un nuevo look

Para apagar una de las crisis que él mismo se creaba, Carville puso a Bill Clinton a tocar el saxofón en el programa de Arsenio Hall. Con Hillary ha tenido menos suerte. No ha podido convencerla de que deje sus vestidos azules de tres piezas, que la muestran rígida y aburrida. Desesperado como es, va a acabar por poner enfrente de su escritorio un letrero que diga: Change, at least the dress.

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