Opinión

Qatar: trabajadores esclavos del desierto


 
Ahora que la euforia por el futbol se mantiene en lo alto con el infame “progreso” del equipo mexicano hacia un choque definitivo con Nueva Zelanda, del que dependerá su participación en el Mundial de Brasil 2014, vale la pena echar un vistazo a las condiciones deplorables y violatorias de los derechos humanos en que trabajan 1.2 millones de foráneos en Qatar, la diminuta pero influyente y millonaria monarquía del Golfo Pérsico que ––es un secreto a voces–– “compró” a la FIFA la sede del campeonato que se disputará en 2022.
 
Sin paga, alimentación y alojamiento adecuados, bajo temperaturas que rozan los 50 grados, además de no poder regresar a sus países debido a los términos leoninos de sus “contratos”, los migrantes trabajan a marchas forzadas en la infraestructura para el evento deportivo ––con un costo de 100 mil millones de libras––, que se ha complicado para sus organizadores debido a que el calor agobiante restará atractivo a los partidos, mientras que será un verdadero experimento la construcción de estadios sellados al cien por ciento con aire acondicionado. En dos meses del verano, reportó The Guardian, 44 nepaleses fallecieron “en circunstancias similares a la esclavitud”.
 
Ya son conocidos otros proyectos polémicos emprendidos a golpe de chequera por la dinastía El Thani gracias a la riqueza de los hidrocarburos, como la revitalización de barrios de mayoría musulmana en París. Con su historial de abuso a las garantías individuales, muy parecido al de Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos, donde el número de sirvientes extranjeros de una familia es uno de los parámetros de su nivel social, las aclaraciones del gobierno de Doha sobre la “exageración” del diario británico sonaron poco convincentes, igual que su promesa, a principios de mes, de revisar las condiciones laborales de los inmigrantes.
 
Motín
 
 
Esta semana, el cineasta alemán Peter Giesel y su camarógrafo, Robin Ahne, fueron detenidos cuando filmaban a trabajadores desde el balcón de su hotel en Doha. Giesel había decidido dar seguimiento a la denuncia de The Guardian, pero seguramente no esperaba que resultaran arrestados e interrogados durante 27 horas, en medio de acusaciones de provocar un “motín” y de grabar “sin permiso”. Al final, la policía liberó a los dos tras la oportuna intervención de la embajada germana, pero ahí quedan los hechos.
 
Después de todo, recuerda The Atlantic, hasta el mismo Joseph Blatter, mandamás de la FIFA, ha señalado que conceder el Mundial a Qatar puede haber sido un “error”.