Opinión

Pyme de 'niño' enseña robótica a niños más niños

 
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Universo Pyme.

La presente administración del Inadem ha marcado clara preferencia por apoyar a los jóvenes emprendedores. Jacob Rocha, presidente del Inadem, le ha puesto al renglón mucho entusiasmo, mucho énfasis y mucho presupuesto.

Para algunos críticos, la política proPyme se ha cargado claramente a todo lo que tiene que ver con chavos y con proyectos empresariales de alto impacto, en resta de lo que pudiera hacerse en otras áreas Pymes. Ningún presupuesto es infinito.

La pregunta es si la que pudiera ser calificada como la principal virtud de la actual administración será un elemento para descalificar sus aciertos. Es sólo una pregunta, no se pongan 'de malas'.

Este gobierno ha destapado importantes proyectos de emprendimiento juvenil sin que quede en evidencia cómo habrá de garantizar, en el transcurrir del tiempo, que esos proyectos no sólo sobrevivan sino que puedan crecer.

Ese es el gran reto al que parece no ayudar el resto de la administración pública federal, ni las estatales o municipales. ¿Cómo conseguir que lo que bien hace el gobierno federal o los estatales o algunos municipales puedan recibir un trato continuado en el tiempo conforme van adquiriendo madurez?

Tomemos un caso e imagine qué seguirá luego en la muy temprana actividad emprendedora de Ramón Joel Suárez Cibrián, creador y coordinador general del Instituto Ingenia, Tecnología y Educación.

Ramón tiene 19 años. Dirá él que no es niño, usted juzgue.

Emprende desde muy, muy joven. A los 12 años daba clases de inglés y a los 14 años logra un certificado en la materia de computación como programador y desarrollador de sistemas.

Ramón Joel Suárez comenzó entonces a pensar en una escuela de robótica fundamentalmente dirigida hacia niños de escasos recursos a los que pudo llegar hace poco más de un año, cuando echó a andar su idea de una escuela de robótica moderna, motivando a los niños y preadolescentes a incorporar dentro de sus inquietudes el de la robótica.

No se trata de hacer robots 'tontos', de esos que ahora siguen las rayas, o cuando encuentran un obstáculo en su camino encuentran salidas libres, sino de incorporar movilidad y capacidad de programación a cerbomotores que pueden ser incorporados a los robots y que permiten, por ejemplo, que caminen, que sean capaces de soportar alguna carga y entender algunas instrucciones. O que hablen.

Más de cien niños fueron parte del proyecto piloto que consiguió perfilar su 'modelo educativo' que fue revisado por especialistas en la materia tecnológica y computacional. Un año realizando pruebas hasta poder conformar un modelo que se adaptara a lo que Ramón estaba esperando.

Ahora comienza un negocio este muchacho con todo el apoyo de sus asesores y padres. Tiene 120 inscritos en una escuela que tiene siete grupos disponibles y que pretenden conseguir que se obtengan prototipos útiles para funciones específicas de la sociedad. Por ejemplo: una chamarra a prueba de infartos o que al menos pueda avisar a los médicos que el corazón de quien porta el chaleco está en niveles de riesgo.

Las colegiaturas que ha determinado el director de este instituto son de 300 pesos mensuales con 150 pesos de inscripción.

En el camino ya ha conseguido que los estudiantes más destacados del proceso de experimentación presenten 15 robots con funciones y capacidades distintas. El de la fotografía fue diseñado y armado por una niña de siete años que se llama Lucy.

El asunto no tiene desperdicio. Mucho valdría la pena que en casos como este y cientos o miles más la política pública tuviera no sólo un claro proyecto de lanzamiento para las empresas como la de este muchacho, sino toda una línea de acción en el tiempo que comprenda vinculaciones con otros proyectos similares o complementarios y una serie de accesos a políticas o capitales que propicien que este caso exitoso, y que nos causa asombro, no se agote con una mala decisión o bien con agobios de otra naturaleza como pudiera ser aceptar una mala asociación, acceder a un crédito bancario fuera de lugar o con condiciones inadecuadas, o bien simplemente un apremio fiscal no contemplado en su oportunidad.

El periodismo ayuda a que estos casos tengan notoriedad y se complementen o a ellos se acerquen buenas o no tan buenas voluntades de apoyo. Pero esa no es una función reservada al ejercicio del periodismo.

El periodismo puede hacer mucho, pero no en funciones que dependen del ejercicio gubernamental.

Si el gobierno ha sido capaz de destapar la olla de los talentos de jóvenes emprendedores, lo mínimo que pudiéramos pedir es que articule los escalones que garanticen que casos como el que ahora anotamos no se agoten en su fase temprana de vida.

Por cierto, y como es costumbre, para comunicarse con este muchacho al correo: contacto@institutoingenia.org o al 71587 840. En redes sociales como Instituto Ingenia, Tecnología y Educación. En la web como institutoingenia.org o con el tradicional.com

Twitter: @ETORREBLANCAJ

Correo: direccion@universopyme.com.mx

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