Opinión

“¡Puuuto!”: la FIFA
tiene razón

Recuerdo la primera vez que escuché el estruendo de la palabra “¡puuuto!” en un estadio mundialista. Fue en el primer partido de la Selección Mexicana durante la Copa del Mundo de Alemania 2006. Se escuchaba con poca fuerza, pero con claridad. Durante Sudáfrica volví a escucharlo, sí, pero con más fuerza en los estadios. Ahí, el vocablo homofóbico fue tomando fuerza en la hinchada mexicana. Ahora, en Brasil, y desde los partidos clasificatorios, se sabe que es de uso común en todos los partidos de la selección.

Me parece grotesco que existan opiniones que defiendan la utilización de esa palabra, queriendo hacerla ver como si fuera una inocentada y una expresión colorida de la afición. “¡Puuuto!” no tiene nada de inocente. En el ánimo colectivo de la cultura nacional es claro su significado: equivale a un varón falto de hombría; carente de virilidad; débil; inundado de hormonas femeninas y, en el sentido más sexual de su acepción, se trata de un varón que gusta de experimentar la penetración de un miembro masculino en su zona erógena. Eso es calificado como reprobable, amoral y asqueroso por parte de una amplia cantidad de mexicanos. “¡Puuuto!”, bajo ninguna circunstancia es un adjetivo positivo en México.

No conozco mexicano al que le griten “¡puuuto!” que se ría y agradezca la picardía de su interlocutor. ¿Por qué? Porque esa palabra nunca es pronunciada con ánimo festivo. ¿Por qué entonces los jugadores de otros equipos habrían de quedarse de brazos cruzados ante el insulto? ¿Por qué la FIFA tendría que hacer lo mismo? Que la picardía y el albur mexicanos sean patrimonio inmaterial de nuestra cultura es una cosa; pero de ahí a que pretendamos que en otras culturas se valoren estas expresiones con el mismo ánimo, me parece un desastre de nuestra inmersión a la globalidad. “¡Puuuto!” es el equivalente al turista mexicano que cuando viaja a Europa se lleva sus latas de chiles para no extrañar los sabores domésticos, pero con el agravante de que en este caso nos estamos metiendo con los demás.

¡Qué buenos resultamos los mexicanos para reclamar a los conductores del programa de TV del Reino Unido Top Gear, cuando nos llamaron flojos y flatulentos, y ¡qué ofendida nos dimos cuando Tiziano Ferro dijo que las mujeres mexicanas eran bigotonas! Eso sí: lo de “¡puuuto!” en el Mundial se lo tienen que aguantar, porque el mexicano sigue siendo el rey. En otras palabras: porque nos la pelan. Penoso.

Entendámoslo: en la globalización no nos gobernamos solos. Ojalá la FIFA encuentre la solución y aplique una buena sanción. Un escarmiento de buena magnitud haría que, como en el caso de los cachirules de 1988, refunfuñen millones, sí, pero aprendamos la lección.

Twitter: @SOYCarlosMota