Opinión

Putin, amenaza a la paz mundial

Los días de paz del final de la Guerra Fría, titulados como el fin de la historia por el profesor de la Universidad de Stanford, Francis Fukuyama, han quedado atrás. Distintos conflictos contemporáneos
–Siria, Ucrania, Israel, Irán, Afganistán e Irak– están poniendo en entredicho la estabilidad del orbe.

Dos grandes amenazas contemporáneas parecerían estar alimentado prácticamente todos los teatros de conflicto: el extremismo musulmán al estilo Al Qaeda y el creciente nacionalismo expansivo del líder ruso Vladimir V. Putin. Estas dos amenazas pueden fomentar una tercera, el regreso de los halcones a Washington, vía un presidente
publicano-conservador en 2016.

Durante la llamada Guerra Fría, de 1946 a 1989, las dos grandes potencias del mundo, Estados Unidos y la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), se enfrentaron sin disparar. El mundo vivió grandes amenazas. Irónicamente, la capacidad mutua de las súper potencias de aniquilarse usando sus abultados arsenales nucleares, mantuvo el equilibrio. El mundo, pese a ciertos conflictos regionales, se conservó en paz.

Durante los primeros 12 años de la post Guerra Fría (1989-2001), el escenario global gozó de estabilidad. El triunfador, Estados Unidos, era percibido como la hiperpotencia inexpugnable hasta que una red amorfa habitando espacios sin control nacional, Al Qaeda, produjo un primer ataque en territorio de Estados Unidos, con enormes consecuencias para Estados Unidos y el mundo.

Del ataque de Al Qaeda (11 de septiembre de 2001) al derribo del vuelo 17 de Malaysia Airlines (18 de julio pasado), en que los rebeldes ucranianos apoyados por Putin derribaron un Boeing 777 (la evidencia de la participación rusa ha sido confirmada por la inteligencia estadounidense pero Putin continúa negándolo), el panorama global se ha ido deteriorando hasta alcanzar niveles de conflicto parecidos a los de la Guerra Fría.

La doctrina Putin es una mezcla de expansionismo para recuperar repúblicas o partes de ellas del extinto imperio soviético, aunado a una política de protección de todos los rusos que se quedaron fuera de las nuevas fronteras de la Rusia postsoviética. Como explica el profesor de la Universidad de Oxford, Timothy Garton Ash, Putin tiene como objetivo proteger a todos los rusos regados en las ex repúblicas y el mismo decide quienes son rusos.

La democracia rusa es de membrete, lo cual explica que Putin no tenga prácticamente limitaciones internas. Es el hombre fuerte de Rusia desde 1999 en que emergió como presidente interino. Ha sido reelecto por tercera vez hasta 2018 y todo indica que volverá a reelegirse cuando menos hasta el 2024.

Los límites al expansionismo populista de Putin tendrán que venir del sistema internacional. Las dos grandes potencias que pueden y deben limitarlo son Estados Unidos y la Unión Europea.

El presidente Obama, a raíz de la invasión rusa a Crimea, ha tomado cartas en el asunto promoviendo un régimen de sanciones económicas. El obstáculo ha sido la Unión Europea, quien sólo hasta el ataque al vuelo 17 de Malaysia pudo reunir la suficiente voluntad política para castigar económicamente a Rusia.

La explicación a la miopía estratégica europea está en los poderosos intereses económicos de los tres grandes países de la Unión con Rusia –Alemania, Francia y Reino Unido.

Alemania no quiere poner en entredicho el pacto energético que mantiene con Rusia, pues ésta es la fuente de 30 por ciento de su energía. Francia ha encontrado en el régimen de Putin un extraordinario cliente a sus desarrollos militares, como lo muestran dos sofisticados barcos que le acaba de vender por la no despreciable cantidad de mil 600 millones de dólares. Por su parte, los ciudadanos rusos son los más favorecidos del mundo entero para recibir visas de inversionistas y poder vivir la maravillosa globalización de Londres. Dicho de otra manera, la City opera grandes fortunas rusas.

¿Sera suficientes las victimas del vuelo 17 de Malaysia Airlines para sacar a la Unión Europea de su miopía?

No hay una respuesta sencilla. Parecería que los líderes de Alemania, Francia y Reino Unido están olvidando que el esfuerzo de integración europeo no es únicamente para tener ciudadanos ricos y bien comidos, sino fundamentalmente para mantener, cueste lo que cueste, la paz.