Opinión

Pullmantur, los secretos de un crucero exitoso

1
 

 

Pullmantur

Hacer una cola de dos horas en Yucatán, envueltos por el calor de junio, junto con cientos de personas (hombres y mujeres, niños, ancianos, bebés), en un salón insuficiente, sin aire acondicionado y sin agua, digamos que no es la mejor manera de iniciar un viaje de placer por el Caribe.

Así comenzó la semana pasada un crucero de cinco días que zarpa de Puerto Progreso, Yucatán, para después llegar a la isla de Roatán, en Honduras; ciudad Belice y Cozumel, para terminar en el yucateco puerto de origen.

La empresa que los organiza es Pullmantur y Judith Palleiro, su directora general, afirma que los problemas que tienen durante el embarque se debe al mal servicio que han recibido por parte tanto de las autoridades del puerto, como del Instituto Nacional de Migración.

Y sí, es notorio que la infraestructura es insuficiente para funcionar como puerto de embarque para este tipo de barcos que tienen que procesar lo más rápido posible el registro e ingreso de miles de turistas; además de que el personal de Migración brilla por su ausencia.

Sin embargo, también fue notorio que los empleados de la naviera que realizan el registro lo hacen con lentitud, ya que carecen de computadoras y sólo cuentan con largas listas en hojas de papel donde tiene que buscar, línea tras línea, nombre por nombre, sin que siquiera éstos se encuentren ordenados alfabéticamente.

Sin embargo, ese parece ser el precio que tiene que pagar una empresa que ha tenido una presencia irregular en México, pues llegó en 2010 con una ruta por el Caribe y luego por el Pacífico, para después retirarse en 2012 y reaparecer ahora con trayectos únicamente por aguas caribeñas, con una temporada de tan sólo diez viajes.

No obstante, Palleiro está optimista y tiene como meta alcanzar una ocupación de 91 por ciento, lo que le daría una cifra de 25 mil pasajeros e ingresos institucionales por 350 millones de pesos, de los cuales hay que descontar comisiones a agencias, propinas para los 820 miembros de la tripulación (que se cobran por adelantado en la tarifa) e impuestos, que van incluidos en el precio, pero, por lo pronto, eso es lo que generaría de inicio, antes del obligado desglose.

Pero aún hay más. El barco tiene otras fuentes de ingresos aparte de la tarifa normal que únicamente incluye la estancia y los alimentos. Otra manera de incrementar sus ganancias es a través de los servicios de spa, la venta en las tiendas (licores, cigarros, ropa, perfumes, accesorios, relojes y joyas), venta de excursiones en cada uno de los destinos donde se detiene el crucero, consumo de bebidas (refrescos, agua y alcohol) y, por supuesto, el casino que se abre al alcanzar aguas internacionales.

La venta de excursiones es ahora una buena fuente de percepción económica, debido a que las navieras compran el boleto al operador en tierra, y simplemente le ponen un sobreprecio que paga el cliente, y que es su utilidad sin tener que invertir nada.

El caso de las bebidas también es todo un tema. De inicio, al estar frente al agente de viajes o la página web de la naviera, el cliente puede elegir entre comprar un plan de sólo hospedaje y alimentos, o adquirir una segunda opción que incluye refrescos y bebidas alcohólicas ilimitados y que, obvio, es más cara.

Sin embargo, ya arriba del crucero, la sorpresa es que, en general, la calidad de las bebidas a las que se tiene derecho no es muy buena. Pero eso también tiene solución: puede comprar un paquete de bebidas premium, con el cual por tan sólo 240 dólares más podrá beber coñac, martinis y buen tequila.

Y, contrario a lo que pudiera pensarse, el dinero que genera el casino en este crucero no es tan significativo. Este tipo de juegos de azar no parece atraer mucho a los mexicanos, o al menos no a los que suben a este barco.

En total, el promedio de gasto por pasajero arriba de la nave es de 350 dólares, lo cual podría al final de la temporada añadir otros casi nueve millones de dólares a los ingresos de la naviera.

Con una clientela no muy exigente, a la que subirse a un crucero le resulta aspiracional, Pullmantur ha tenido éxito en México. Porque, además, una vez que se pasa el trago amargo del embarque, todo lo demás es diversión y abundante comida, pero sobre todo la tripulación da un excelente servicio. Y si eso se convierte en el sello de la casa, la imagen del producto gana mucho.

También te puede interesar:
Mundo Joven, un mochilero de veinte años
Doce botellas de tequila para Cannes
Periodistas y publirrelacionistas no tienen el mismo ADN