Opinión

Puentes y muros, Clinton y Trump

 
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Hillary Clinton (Especial)

Después de la tormenta viene la calma, aunque sea breve. Las últimas encuestas a nivel nacional en Estados Unidos ponen nuevamente a la cabeza a Hillary Clinton en la carrera por la Casa Blanca. CBS calcula su ventaja en seis puntos porcentuales, Morning Consult en tres e Ipsos en 15. El New York Times promedia que Clinton supera en tres puntos porcentuales a Donald Trump: 44 contra 41 por ciento de la intención del voto.

Apenas la semana pasada el panorama era aterrador. Antes de que iniciara la Convención Nacional Demócrata (CND), Trump superaba a Clinton en varias encuestas nacionales, como CBS y CNN.

FiveThirtyEight calculaba que si en ese entonces se hubieran realizado las elecciones, Trump tenía 1.2 por ciento de probabilidades más que Clinton de ganarlas. Hoy, ese mismo modelo, coloca a la candidata demócrata 27 puntos adelante.

Este cambio de intención del voto es resultado en parte de la Convención Demócrata. Aunque el inicio del evento fue adverso por la filtración de 20 mil correos electrónicos y la caída de Debbie Wasserman, los demócratas lograron cerrar filas. Parte de la razón se debe a la actitud de Bernie Sanders, su contrincante en la elección primaria, quien dejó de lado sus diferencias con Hillary para unir fuerzas y evitar el triunfo de Trump: “No es secreto que Hillary Clinton y yo no estamos de acuerdo en algunos temas […] De eso se trata la democracia […] Hillary Clinton será una presidenta excepcional y estoy orgulloso de apoyarla”.

Frente al veneno de nacionalismo y racismo que corre por las venas de la política estadounidense, Barack Obama dio un discurso sobre los principios civilizatorios de la humanidad: la igualdad de los hombres y mujeres al margen de credo, origen o preferencias. Su esposa destacó la importancia de conservar ese legado con una imagen conmovedora: “Todos los días me despierto en una casa construida por esclavos y veo a mis hijas, dos mujeres bellas, negras e inteligentes, jugar con su perro en los jardines de la Casa Blanca”.

Históricamente el Partido Demócrata ha sido el de los trabajadores y el Republicano el de los valores americanos (familia, libertad, ley y orden).

Hoy esa relación se ha transformado sustancialmente y las convenciones nos dan muestra de ello. Los demócratas se convirtieron en el partido de las minorías y de los valores americanos. Los republicanos, en el partido del fanatismo, la intolerancia y el resentimiento. The Economist dibuja las nuevas coordenadas de la política norteamericana: ya no es la izquierda contra la derecha, ahora son los abiertos contra los cerrados, los que quieren construir puentes contra los que quieren levantar muros.

Ambas convenciones han dado claridad al electorado de dos modelos antagónicos. La del miedo, la amenaza y el americanismo que busca eliminar a los enemigos que pululan afuera y adentro, por un lado; y la del liberalismo internacional que busca defender ciertos principios de igualdad, inclusión, libre comercio, hegemonía benévola liderada por Estados Unidos, por otro. Este último modelo que ha encabezado Occidente desde el final de la Segunda Guerra Mundial está en riesgo si gana Trump. Lo que está en juego no es el triunfo del bully, sino el tipo de gobernanza internacional que veremos en el siglo XXI. No que la retórica benévola de Washington sea consistente –por décadas exaltó la democracia y el capitalismo mientras toleraba dictadores amigables o gobernantes corruptos (He may be a son of a bitch, but he is my son of a bitch)–. Pero esa hipocresía ha tenido límites y el discurso liberal que ha enlazado a Europa y a América del Norte ha permitido estabilidad y promovido un mundo menos violento y con menos pobreza.

Mientras sabemos quién gana, el proceso electoral en Estados Unidos ya ha provocado daños. Una de sus primeras víctimas ha sido la apertura económica, pues ambos partidos han sembrado duda respecto a las bondades de los tratados de libre comercio. Trump y Sanders tienen posiciones claras al respecto, pero Hillary Clinton mantenía –al igual que su candidato a vicepresidente– posiciones aperturistas. El Acuerdo Estratégico Transpacífico de Asociación Económica (TPP por sus siglas en inglés) es la primera víctima. Ampliamente impopular en ese país, murió la noche del discurso de Sanders la semana pasada cuando condenó el acuerdo y cientos de seguidores sacaron carteles con la cruz sobre las iniciales TPP. Se logró la unidad de los demócratas a costa de un acuerdo que se negoció por años bajo el apoyo del presidente Obama. Por cierto, Clinton ha dicho estar dispuesta a revisar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte.

Postdata: Me pregunto cuál será la reacción de los miembros conservadores y religiosos del Partido Republicano a la portada de ayer del New York Post, que muestra una foto de la esposa de Trump y posible primera dama desnuda y acostada con otra mujer. También otras fotos de cuerpo completo y desnudo. ¿Esas fotos despertarán temor de los católicos y evangélicos respecto a su candidato por haberse casado con una mujer tan liberal? ¿Verán una amenaza de Satanás en tan atrevidas fotografías? ¿O perdonarán a su líder dicharachero?

Twitter: @LCUgalde

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