Opinión

¿Puede el Congreso impedir a Trump salir
del TLCAN?

 
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Quintana

Thomas Donohue, presidente de la Cámara de Comercio Norteamericana, el organismo empresarial más amplio de la Unión Americana, adelantó uno de los escenarios que probablemente se presentarán en Estados Unidos si –como todo apunta– Trump decide sacar a Estados Unidos del Tratado de Libre Comercio de Norteamérica (TLCAN).

Señaló que una amplia parte de la comunidad empresarial litigaría tanto en el Congreso como en la Suprema Corte, el derecho del presidente Trump para poner fin al TLCAN.

La impresión general de los juristas es que no está claro del todo el derecho del presidente Trump a concluir un acuerdo que define las reglas del comercio exterior de Estados Unidos.

El artículo primero, octava sección de la Constitución Política de los Estados Unidos de América, establece que es facultad del Congreso: “reglamentar el comercio con las naciones extranjeras, entre los diferentes estados y con las tribus indias”.

La facultad se delega al presidente, lo que permite a éste, a través de la Trade Promotion Authority, negociar acuerdos comerciales con terceros países.

De la misma manera que el TLCAN tuvo que ser ratificado por las dos cámaras del Congreso en 1993 para que pudiera entrar en operación, queda la duda de si la regla constitucional no obligaría al gobierno de Trump a pasar una eventual salida del acuerdo, otra vez por la ratificación de las dos cámaras.

Si ese fuera el caso, se ve muy difícil que el Ejecutivo norteamericano consiguiera los votos necesarios para autorizar una salida del Tratado, pues muchos intereses empresariales moverían los hilos para que congresistas republicanos se opusieran a la medida.

No está claro lo que pueda ocurrir al final, pero lo cierto es que los empresarios norteamericanos no se quedarían con los brazos cruzados.

Al margen del desenlace que esto tuviera, el proceso legal eventualmente podría significar que el lapso para hacer valer la decisión del presidente de Estados Unidos podría alargarse más de los seis meses previstos.

Le he dicho en diferentes ocasiones que el mayor riesgo para México ante un eventual fin del Tratado sería la pérdida del respaldo institucional que el Tratado ha garantizado por muchos años a los inversionistas.

Para Estados Unidos no es el caso. Lo que muchos empresarios temen es que la organización de sus procesos industriales que requieren provisión de México y de Canadá, eventualmente se vea interrumpida o trastornada por el fin del TLCAN conduciendo a una pérdida de competitividad y empleos en la Unión Americana.

En otro segmento, temen también que haya una pérdida de mercados en caso de que los compradores de productos como granos alimenticios o forrajes decidan buscar proveedores de otros países.

No está claro que los empresarios de Estados Unidos vayan a tener éxito tratando de frenar a Trump en su impulso de salirse del TLCAN, pero lo que es un hecho es que están más que preocupados y que van a hacer todos los esfuerzos que estén en sus manos para evitarlo.

México no debe tragarse el anzuelo de Trump, que ha insistido en la búsqueda de acuerdos bilaterales en lugar del acuerdo trilateral.

Si no son aceptables las condiciones que se están planteando para los tres países, menos lo van a ser cuando la negociación sea sólo con Trump.

Los canadienses lo van a reconocer muy pronto también.

Twitter: @E_Q_

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