Opinión

Puebla y la hora de gobernadores


 
 
Si el Pacto por México fue el reconocimiento de que el regreso del PRI a la presidencia no sería una restauración por la necesidad de negociar agendas parlamentarias con otras fuerzas políticas, el gobierno federal también ha comenzado a entender el papel político de los gobernadores.
 
 
La crisis provocada por las leyes educativas secundarias en el congreso revalidó rápidamente el papel que debe jugar la Conferencia Nacional de Gobernadores para diseñar una agenda de alianzas regionales. El último sexenio del PRI en el 2000 y sobre todo los dos sexenios panistas rompieron la estructura republicana y convirtieron a los gobiernos estatales en verdaderos virreinatos semi-autónomos.
 
 
El arribo del gobernador panista poblano Rafael Moreno Valle a la presidencia semestral de la Conago incorporó a los gobernadores en un momento clave a los tres temas fundamentales que pasan por las entidades federativas: el magisterial, el energético y el hacendaria. El reparto de posiciones estatales beneficia al PRI con 23 gobernadores propios y aliados, seguido del PAN con cinco, el PRD con cuatro.
 
 
La posición de Moreno Valle no pudo ser más oportuna: se formó en el PRI, logró construir un liderazgo regional importante para el PAN y tuvo el apoyo en alianza con el PRD; de ahí que su papel será casi de ministro sin cartera del gobierno de Peña Nieto por su buen espacio entre los gobernadores.
 
 
Las tres reformas con impacto nacional ya no salieron en el congreso, los partidos no alcanzaron a tramitarlas dentro del Pacto por México y ahora requieren de la participación de los gobernadores como los jefes políticos de las bancadas legislativas federales de sus estados y como afectados/beneficiarios de los temas magisterial, energético y fiscal.
 
 
La tarea política de Moreno Valle en la presidencia de la Conago será de pivote político dentro del PAN, fortalecerá la alianza panista con el PRI en las reformas y obligaría al PRD a ser más pragmático en sus pronunciamientos o quedarse aislado.
 
 
Moreno Valle se ha posicionado como una figura relevante del PAN en Puebla y como un grupo fuerte dentro del partido nacional y desde ahí podría dinamizar el apoyo panista a las reformas, en tanto que el PRD pareció quedar atrapado en el espacio histórico del cardenismo. Los gobernadores perredistas fueron ya atados por Cuauhtémoc Cárdenas a su agenda histórica, aunque los mandatarios perredistas están más convencidos de la reforma priísta que de la propuesta cardenista y el propio PRD podría también inmovilizarse por el plebiscito.
 
 
De todos los gobernadores de oposición, sólo dos van a jugar en las grandes ligas en este año: Miguel Angel Mancera por las protestas en el DF y Moreno Valle en la Conago. Mancera debe distensionar políticamente la capital. Y el poblano podría actuar como un puente entre los gobernadores panistas y los priístas y ser un buen aliado de los perredistas, además de que en Los Pinos lo ven con interés porque ha sabido dosificar su agenda nacional.
 
 
La Conago podría destrabar las posiciones estatales porque es un espacio político que cada quien lo aprovecha como puede: Ebrard la manipuló para su precandidatura presidencial pero se dobló ante López Obrador y ahora Moreno Valle estaría en la línea de movilizar más a los gobernadores en torno a las reformas para consolidar beneficios.
 
 
Ahora que el presidente Peña Nieto se ha percatado que los gobernadores son un poder equidistante entre sus partidos y sus bancadas, la Conago será clave en las reformas pendientes para romper el cerco del Pacto por México y le tocará a Moreno Valle proyectar más al organismo. Los gobernadores que entiendan esta nueva lógica del poder van a poder consolidarse para lo que viene en el 2015 y el 2018.
 
 
 
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