Opinión

Propaganda y política: el juego de la distorsión de la realidad (III y última)

Juan Federico Arriola

Ahora la propaganda del PRI-gobierno federal sobre las reformas energéticas es un bombardeo demagógico: bajarán las tarifas eléctricas y del gas y se generarán más empleos y mejor pagados. ¿Cuándo?

La Cámara de Diputados en su propaganda sobre el presupuesto, comete el error a través de su propaganda radiofónica: referirse a la “ley de egresos”, cuando es presupuesto de egresos, porque no participa la Cámara de Senadores.

Mienten el PRI y su “vicepresidente” César Camacho cuando aluden a temas históricos y ponen en un altar a su fundador Plutarco Elías Calles, cuando este personaje violó los derechos humanos, reprimió al sector católico y desató una guerra civil, donde la historia oficial voltea los sucesos para poner a los cristeros como los malos de la película.

Hoy la propaganda del gobierno de Peña -que me aturde, aburre y enfada- habla de una paz inexistente. ¿Qué no se percatan en Los Pinos, Bucareli, Insurgentes Centro y en la residencia salinista que hay una guerra civil en Michoacán y que existe violencia extrema en Tamaulipas, Coahuila, Estado de México, Morelos y Chihuahua en contra de muchos gobernados que han sido secuestrados, extorsionados, ejecutados, etcétera? ¿Qué puede hacer el regente y supra-gobernador Castillo ante un problema que originó el PRI hace más de 20 años y que los gobiernos locales del PRD (Cárdenas Batel y Godoy) y los gobiernos federales de extracción panista (Fox y Calderón) lo empeoraron?

El mito de la paz social fue inventado por el viejo PRI y hoy se intenta resucitarlo con falacias. No había paz en 1968 en Tlatelolco, tampoco en 1971 en aquel jueves de represión contra maestros, en 1988 cuando fueron asesinados los colaboradores de Cárdenas, Ovando y Gil en la ciudad de México por agentes judiciales michoacanos. No hubo paz en 1993 cuando fue asesinado el cardenal Posadas y en 1994 con la irrupción del EZLN y de los homicidios en contra de Colosio y Ruiz Massieu. No ha habido paz para muchas familias mexicanas que entonces y también hoy han perdido a sus seres queridos o que han sido desaparecidos, asesinados, secuestrados. No ha habido paz en Ciudad Juárez, Torreón, Monterrey, todo el estado de Tamaulipas con gobiernos federales y locales priistas, no hay paz para la gente de Michoacán y Guerrero.

¿De qué habla el gobierno de Peña? ¿Por qué no aparece Ciro Gómez Leyva, tan adicto a la causa peñista en 2012 con sus encuestas mágicas? ¿Por qué no aparece Lucero para seguir hablando de las supuestas maravillas que hizo Peña desde Toluca y que hoy supuestamente las hace junto con Videgaray desde Los Pinos en materia económica?

¿Cómo gobernar si se ignora la realidad? Peña no ha demostrado ningún avance sensible en materia de seguridad. Él pidió un año y ya lo tuvo, ahora vuelve con otro discurso poco creíble. Insisto, la única manera que tiene el presidente de México de refutar a sus críticos es con hechos, no con palabras repetitivas y con los mismos ademanes. Propaganda falaz, contraria a la realidad, que no miente.

Punto y aparte. La entrevista que concedió Salinas de Gortari a El Universal, da pena. La falta de reconocimiento de sus graves errores es continua. El TLC nos ha hecho más dependientes de Estados Unidos y su caprichosa reprivatización bancaria al permitir nuevos banqueros y bloquear a Espinosa Iglesias ocasionó que la banca mexicana se debilitara y que en el siguiente sexenio, Zedillo la entregara a los extranjeros. ¿Por qué no acepta Salinas que se equivocó con Córdoba Montoya, un perfecto mentiroso y pedante que no se había doctorado en Stanford ni en ninguna universidad del mundo y se mantuvo en el cargo real de “jefe de gabinete” no obstante el daño que le hizo al país con decisiones absurdas desde su oficina adjunta a la de Salinas? ¿Por qué Salinas le tiene tanto coraje a Camacho Solís? Salinas sabe que su hermano Raúl cometió delitos -por lo menos falsificación de documentos que estuvieron a la vista de todos- y argumenta sofísticamente que un juez lo absolvió de todo cargo. El excandidato presidencial que tuvo todas las ventajas materiales, presupuestales y de medios electrónicos sobre sus cuatro contendientes en 1988 y que se impuso con una enorme trampa electoral, nos quiere convencer de que fue un gran presidente. Fue el peor de la segunda mitad del siglo XX. En 1994 el país estaba peor que en 1988: más pobreza, más violencia, más desigualdad socio-económica, más corrupción, más narcotráfico y más desempleo. El problema es que Salinas no deja la escena y en la actualidad estorba al presidente Peña en sus decisiones, de por sí polémicas. La timocracia salinista es enemiga de la democracia mexicana. Es un hecho.