Opinión

Programa de infraestructura: ¿Viable?

Después de algunos anticipos a principios del año, sobre todo de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes, la semana pasada se presentó el Programa Nacional de Infraestructura 2014-2018 (PNI). A pesar de que se publicó con 44 programas nacionales, institucionales, regionales y especiales más (sólo el 30 de abril se publicaron 32), incluyendo algunos muy importantes como el de seguridad pública, fue el único al que se le dio realce oficial y elevada cobertura mediática.

No es para menos, dado el escaso crecimiento, las malas expectativas de los agentes económicos y el hecho de que la economía vuelve a estar como la primera preocupación de la población en general. De acuerdo con las cifras oficiales, el impacto del PNI (y de las reformas estructurales) en la economía podría ubicar la tasa de crecimiento del PIB en un promedio de 5 por ciento en 2014-2018 (5.5 por ciento en el último año de ese periodo), en comparación con un crecimiento “inercial” de 3.6 por ciento en promedio. Lo anterior se traduciría en la creación de 350 mil empleos adicionales por año.

¿Números alegres? Es posible. El PNI tiene méritos indiscutibles. En primer lugar, integra una amplia cartera de proyectos de inversión -eque suma 7.8 billones de pesos en 5 años- con detalles sobre la descripción del proyecto, su ubicación geográfica y los montos a canalizar en los sectores comunicaciones y transportes (17 por ciento del total), energía (50 por ciento), hidráulico (6 por ciento), salud (1 por ciento), desarrollo urbano y vivienda (24 por ciento), y turismo (2 por ciento), a los cuales se agregarán otros para integrar un “Banco de Proyectos” de largo plazo.

En principio, ello permitirá darle seguimiento y evaluación puntual al PNI en conjunto y a los proyectos específicos, siempre y cuando durante su ejecución y conclusión las autoridades no decidan “reservar” la información como ha ocurrido con un sinnúmero de proyectos. Además, presenta indicadores de impacto por sector relativamente imparciales (en algunos casos, elaborados por instituciones distintas al gobierno como el Banco Mundial) y no sólo sobre el ejercicio de los recursos financieros y presupuestales. Otro mérito es que el PNI apuesta por la atracción de inversión privada en infraestructura: más de una tercera parte de los recursos totales.

No obstante, su instrumentación y viabilidad enfrentarán múltiples retos y problemas. Los márgenes disponibles en las finanzas públicas serán un factor fundamental; históricamente cualquier desviación en los ingresos públicos (petroleros o de impuestos) se han traducido en reducciones en el gasto de inversión pública, que siempre es más fácil de ajustar que el gasto corriente. En un contexto del elevado déficit público para 2014 y de la política -o promesa- para reducirlo en los siguientes años, las desviaciones de ingresos se ajustarían recurriendo al expediente de la inversión.

Además de la inversión privada, el PNI plantea al crédito como fuente parcial de financiamiento o garantías para el desarrollo de infraestructura, sobre todo en vivienda. Ello requerirá que el sistema bancario comercial y de desarrollo agilicen sus procesos de otorgamiento de crédito; de otra manera, esos recursos no fluirán al sector.

El mayor reto del PNI es que la atracción de inversión privada, como lo plantea el propio Programa, contribuya al financiamiento de la infraestructura bajo esquemas de asociaciones público-privadas (APP), en el marco de la ley vigente publicada en 2012. La realidad señala que esa Ley no ha funcionado tanto por algunas de sus disposiciones, que implican no distribuir adecuadamente el riesgo de los proyectos de inversión entre el sector público y el privado entre otros factores, como por los requisitos y burocratismo que imperan en la SHCP para aprobar esquemas de APP.

El PNI requeriría modificaciones de fondo no sólo a esa Ley sino también a otras que regulan la inversión como las de obra pública y de adquisiciones del sector público. Así, aunque los objetivos del PNI son deseables, de no modificarse esos y otros instrumentos que regulan la inversión, difícilmente serán alcanzables.

Twitter: @ruizfunes

Correo: mruizfunes@gmail.com